Surgieron como respuesta del ex intendente Luis Alberto Campo ante un reclamo de desocupados. Se conformaron como una Fundación y empezaron a brindar un servicio hace poco más de una década. Pero el costo del ticket, unos 10 pesos, y la imposición de maneras no muy amables que suelen emplear provoca múltiples enojos.

“Tenés que pagar”, suelen afirmar rotundamente ante un desprevenido. “Y… si no pagás nosotros no te cuidamos el coche y puede pasarle algo”, advierten casi a modo de amenaza. Y el ciudadano, que quiere pasar un momento divertido y sin problemas imprevistos, paga. Aunque claro está, empieza la noche protestando y sacando plata del bolsillo.
Es una fundación de desocupados, pero hace un par de semanas buscaba empleados para trabajar a través de un aviso clasificado en un diario local. Es una organización social, pero solo una familia maneja el grupo y a la manera de empresa privada.
Los “cuidacoches”, ¿no están en el delgado límite entre lo irregular y lo permitido?