La mayor parte de su vida la pasó en el campo, nunca se cuidó de las comidas y hasta pasados los cien años era un hombre totalmente activo. Felipe Domínguez había nacido un 23 de agosto de 1907 y falleció el domingo en Ingeniero Luiggi, donde vivió sus últimos años.

De buen semblante y tranquilo no conoció el vértigo de la vida actual. Muy temprano se levantaba cada mañana para recorrer el campo, regresaba a eso de las 9 horas a desayunar con fiambre casero y un tazón de café con leche para regresar a la inmensidad de la llanura. Tras el almuerzo, la religiosa siesta para volver al campo y terminar la jornada al anochecer. Nunca se cuidó en las comidas ni supo lo que era el colesterol o el ácido úrico. Eso sí, no fumó.
Tuvo nueve hijos. Sus padres y sus dos hermanos fallecieron muy jóvenes, solo él vivió en dos siglos diferentes, el siglo XX y el XXI. Vio pasar dos guerras mundiales, la guerra fría, la caída del muro de Berlín, numerosos golpes de estado en nuestro país, inventos que cambiaron las formas de vida como la electricidad, la radio, la heladera, el televisor, el teléfono, el lavarropas a paleta y mucho después automático, y hasta llegó a conocer lo que era internet.
Siempre activo y siempre en contacto con la tierra. Primero en el campo y cuando tuvo que irse a la ciudad haciendo huerta o podando plantas. Tras cumplir cien años, se cayó en un accidente doméstico y comenzó poco a poco a perder la lucidez. El domingo, con 104 años vividos intensamente pero con serenidad, falleció de muerte natural.