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El Salario del Legislador

Por Franco Catalani
Los treinta mil pesos de sueldo de los legisladores nacionales (más de diez veces el salario mínimo de un trabajador) ha desatado una controversia cívica que me parece interesante.

¿Por qué treinta mil es mucho o es poco? ¿Por qué no mil o cero? ¿Por qué no cincuenta o cien mil?. La pregunta en el fondo es – como con cualquier salario-, ¿Cuánto debería ganar? o, más específicamente ¿Cuál debería ser el criterio para cuantificar un salario, es este caso el del legislador?. No vale aquí la respuesta “no es cuantificable”, porque ello implicaría excluir del foro, antes de empezar, precisamente lo que queremos que sea un objeto de discusión.

La verdad es que no es posible decir que treinta mil, cien mil o cero es mucho o es poco, porque no hay en nuestro sociedad criterio cuantificador alguno, explícito, implícito o en discusión.

El salario es simplemente el resultado de un irresoluble conflicto de fuerzas, que sin embargo, en las bancas del congreso se esfuma. Este artículo pretende ser una invitación a discutir los criterios cuantificadores de un salario legislativo.

A mi juicio, el salario que retribuye el trabajo de legislador es negativo para una república democrática por dos razones básicas: 1- Hace de la legislación una actividad profesional ( en el sentido de “vivir” de “ser” legislador) y 2- Burocracia (desligada de la actividad productiva, que tiende a cerrarse, a aislarse sobre si misma, a perpetuarse en el poder crear y sostener vínculos que reciclan las mismas personas en los mismos puestos). ¿Esto significa que no deberían cobrar nada?. Pensar tal cosa sería demasiado idealista. En todo caso, pienso que la actividad de legislar no debería ser ni profesional ni burocrática. Para lograrlo propondría dos ideas para empezar.

1- Que quién fuera elegido legislador accediera a una “licencia legislativa” y continuara cumpliendo con el trabajo que tenía, previo a asumir como legislador, salvo, digamos uno o dos días por semana mientras dure su cargo ( o durante los meses que duraran las sesiones si tiene que “sufrir desarraigo”).

2- Que continuara cobrando exactamente el mismo sueldo que recibía por el trabajo que desempeñaban, siempre que no fuera inferior al salario mínimo o mayor a un máximo X. De este modo el legislador viviría de su labor y no de su banca y a la vez seguiría ligado a su lugar de trabajo.

No he escuchado, ni leído a ningún legislador actual que estuviera de acuerdo con el reciente aumento, a pesar de que se aprobó por amplia mayoría, Me gustaría que alguno de ellos expresara cuáles son sus criterios para determinar un número X que debería ser su sueldo.