Categorías
Social

La odisea de los exámenes prelaboral en la provincia



Realizar en examen médico previo al ingreso al estado es ni más ni menos que una odisea: significa una romería por el hospital público, levantarse a las 3 de la madrugada a sacar turno con el oftalmólogo, o a las 5 para el oculista, ir una y otra vez a recorrer los vericuetos de la burocracia estatal. ¿Por qué tanta falta de practicidad a la hora de organizar un examen que debería prevenir en lugar de enfermarnos?


La primera cuestión que se debe aclarar es que no se puede utilizar la obra social para estos estudios y si se realizaran en el sector privado, cualquier control médico no cuesta menos de 400 pesos (y son 12 estudios los que hay que completar). Por ende, a la mayoría de los trabajadores no les queda otra que armarse de una infinita paciencia y comenzar a transitar el laberinto de sellos, firmas y demás.

Hay que pasar por el sector vacunación, ginecología, odontología, oftalmología, hacerse una audiometría, un psicodiagnóstico, electrocardiograma, electroendefalograma, análisis clínicos,  varias radiografías para luego, y con todos los resultados, ir al médico clínico.

Lo descripto significó días y días de levantarse temprano a buscar turno para algunas de las especialidades, ir una y otra vez al hospital siguiendo el cronograma de turnos que dieron, prenderle velas al santo de la medicina para que los médicos estén de vacaciones o hayan tomado alguna licencia. Y compartir con gente sin obra social, resignada a hacer largas colas una y otra vez para curar sus dolencias.

Ante tanta ineficacia a la hora de organizar un examen preocupacional, la amabilidad de la mayoría del personal de salud es un punto a favor. Hay muy buena predisposición  y eso vale a la hora de analizar la vivido…

Volviendo a la odisea, cuando uno terminó la sacrificada peregrinación por los vericuetos del hospital, la cosa no termina. Pues hay que completar en la planilla final los datos sobre los aportes realizados en toda la vida laboral. Y si se tiene ya unos cuantos años, y desde los 18 se trabaja en diferentes lugares, no queda otra que ir al ANSES.

Otra cola…. Y ya se perdió la cuenta de cuantos rostros inmóviles, cuantas horas desperdiciadas, cuantos lugares no lugares se recorrieron en esta historia.

Finalmente se llega a Salud Laboral con todos los papeles para ser entregados… y entre tanto andar con ellos de un lado para el otro, y tanto esfuerzo por conseguirlos, casi que uno se va encariñando con ellos y aparece un dejo de tristeza al verlos irse a algún cajón de los miles y miles de cajones con papeles y papeles que nadie lee ni leerá.