Despertamos en la selva, bajo el mosquitero de las camas, con un ensordecedor sonido de los animales y la vista del río Pastaza y la región sobre la pared abierta. Hoy la aventura la guio uno de los chicos que trabaja en el lugar: tras complicadas caminatas en la selva llegamos a dos lagunas (escondidas para nosotros, conocidas para los lugareños). Por la tarde regresamos al Puyo haciendo auto stop.

Jhon, uno de los muchachos que trabajan en el mirado Indichuris, donde nos quedamos a dormir, nos acompañó a hamacarnos con la liana en el vacío (lo habíamos hecho ayer, pero la experiencia es tan impresionante que volvimos).
Y de allí comenzamos a caminar por un sendero muy fangoso, entre verde y más verde. Se nos sumaron dos cazadores de monte con machete y escopeta (dos chicos del lugar que salen a cazar armadillos, tucanes, monos y loros, entre otros animales que utilizan para comer o como mascotas).
Entre tanto follaje parecía imposible lo que nos había prometido Jhon: llegar a dos lagunas. Pero llegamos, sin darnos cuenta se hizo un claro en el camino y apareció, primero una, luego otra.
Por supuesto aprovechamos a bañarnos y disfrutar del agua refrescante (eso sí, los cocodrilos no molestaron, pero tampoco los vimos aunque según Jhon están en el lugar).
Nos acompañaron cinco perros del mirador, uno de ellos de raza caniche. Y nos llamó la atención la cantidad de este tipo de perros que vimos en la zona.
Cuando le preguntamos el porqué, Jhon se rió y nos respondió “porque son perros callejeros”. No podía creer que en Argentina son animales que se pagan y con mucho dinero.
Regresamos de la selva a la tarde e hicimos autostop para regresar al Puyo, a la casa de Patricio, el couch surfing que nos aloja.
En general, la gente es muy amable y hospitalaria en todas partes, también en la ruta, por lo que es sencillo viajar “haciendo dedo”.
Volvimos a almorzar en el segundo piso del mercado municipal, donde se come por 2 dólares las comidas típicas. Nos sentamos entre la gente del lugar a saborear esos platos preparados con los frutos del lugar.
En el primer piso, se ofrecen frutas, verduras y una gran variedad de yuyos para todo tipo de malestar o para condimentar. Una explosión de olores y colores.
A la noche preparamos pollos asados que compartimos con la familia de Pato y los demás couch surfing que está hospedando. Una comida bien argentina (no utilizamos carne porque no es buena).
Y como siempre, las charlas, los relatos, las experiencias en la mesa. Nos vamos a dormir, mañana seguramente les contaremos las nuevas experiencias en esta parte del mundo muy húmeda y exuberante.
Diario de viaje por Ecuador 1°Parte 2°Parte 3°Parte, 4ta entrega 5ta. entrega, 6ta. entrega, 7ma. entrega, 8va entrega, 9na. entrega

Jhon y los cazadores de monte

Tras la arcilla en el pelaje, hay un caniche que nos acompañó en la aventura

Los hongos y las plantas parásitas están por doquier

Todo es una competencia por vivir

Mercado municipal, primer piso

Tienen hierbas para todo tipo de situación