El juez de Audiencia Carlos Pellegrino condenó hoy a los policías Sergio Mario Scurti, Diego José Duque y Francisco Martín Fredes a un año y medio de prisión en suspenso e inhabilitación especial para cumplir funciones dentro del cuerpo policial por los delitos de “vejaciones y lesiones leves”. Absolvió a Diego Alberto Silva.
Foto de archivo de Duque, Fredes, Scurti y Agüero
En el caso de Scurti (36 años) la inhabilitación regirá por tres años, mientras que para Duque (27 años) y Fredes (28 años) fue dictada por el término de dos años. Es que a Scurti, se lo condenó por dos casos de vejaciones a demorados, mientras que a los otros dos uniformados, se los halló culpables de un solo hecho. Además, deberán afrontar las costas del juicio.
La fiscala Ana Laura Ruffini había solicitado la pena de un año de prisión en suspenso e inhabilitación por el mismo lapso para Duque y Fredes, y de un año y 8 meses de prisión en suspenso e inhabilitación por el mismo tiempo para Scurti. Y no había acusado a Silva.
La abogada particular Adriana Mascaró, que representó legalmente a uno de los denunciantes, Eduardo Dupuy, adhirió al pedido de la fiscala. Y el abogado defensor de los policías, Armando Agüero, había pedido la absolución de sus defendidos.
Por su parte, el defensor particular de Silva, el abogado Martín Navarro, adhirió a la fiscalía que no acusó a su defendido.
El juez dio por probado en su fallo que “el día 10 de noviembre de 2012, aproximadamente a las 10:00 horas, los policías Sergio Mario Scurti, Francisco Martín Fredes y Diego José Duque, se hicieron presentes en la Terminal de Ómnibus, de esta ciudad, a bordo del móvil identificado como legajo policial nº 2616, lugar donde se hallaba trabajando Eduardo Sebastián Dupuy.
Le dijeron que tenía que acompañarlos a la Comisaría Segunda, a lo cual Dupuy accedió, siendo trasladado a dicha dependencia policial, donde una vez que ingresó el móvil policial, lo hicieron bajar, dejándolo en un pasillo.
Allí le ordenaron que se diera vuelta y se apoyara contra la pared, lo cual hizo y, en dicha posición, Duque le colocó una campera sobre la cabeza y los mencionados policías entre otros, comenzaron a agredirlo con golpes de puño y patadas, lo que provocó que Dupuy cayera al piso, donde continuaron golpeándolo.
Como consecuencia de esa agresión sufrió la fractura del segundo incisivo superior derecho, una herida cortante en la región frontal mitad derecha, una equimosis en el hombro derecho, una equimosis en el brazo derecho y un enrojecimiento en la mitad derecha del labio superior.”
Eduardo Dupuy había declarado que los policías fueron a su lugar de trabajo “y dijeron que los tenía que acompañar a la Comisaría, Fredes le dijo que en la Comisaría se le iba a explicar, que era un ratito, iba y venía, le dijo que iba en su moto, pero le dijeron que no, que iba con ellos.
Adelante iban Scurti y Fredes que manejaba y atrás Duque a la derecha y el otro policía que no conoce a su izquierda. Salieron de ahí, nadie hablaba, porque cuando su compañero Fabián Llabur le preguntó a Fredes, éste dijo que era por una declaración en contra de Janssen, supuestamente porque había hecho una denuncia tiempo antes en su contra.
Fueron por la Avenida hasta calle 29, de ahí hasta calle 14, doblaron hacia la derecha, estando entre calles 25 y 27, Fredes pidió por radio que le abran el portón, entró el patrullero como venía, lo hicieron bajar, lo llevaron a un pasillo, se quedó un ratito parado.
Luego le pidieron que se dé vuelta, cuando todavía no había terminado de darse vuelta vio a Duque con una campera, en la parte interior de color naranja, afuera negra y le tapa la cabeza, una persona grande se le tiró encima y empezó a recibir golpes sin mediar ningún tipo de palabra, sentía golpes, atinaba a agarrarse la cabeza, cayó al piso y le siguieron pegando, sintió la cara caliente, cuando no aguantaba más los golpes atinó a sacarse la campera porque no estaba esposado, escucha que dicen “basta, basta, listo” y se fueron por la puerta por donde antes había entrado.
Lo que sentía caliente era la sangre que le salía de la cabeza. Luego un policía le pidió que se parara, cuando se dio vuelta ve que era Silva, a quién conocía porque antes hacía fiestas, también lo conocía como policía y lo ha visto un montón de veces también como policía, nunca tuvo una mala relación con esta persona, le preguntó porque le pegaban y le contestó “callate que va a ser peor”, se lo dijo en un buen tono no como amenazante.
Antes de que se parara entró otra persona que no estaba vestido de policía que le dijo “que me mirás”, le pegó una cachetada, le pateó la pierna, le pidió que se parara, dijo que con la sangre le estaba manchando la pared, así que lo arrodilló otra vez y le pegó, después apareció Silva y le ordenó no sabe a quién que lo llevaran al calabozo, antes lo llevó a un baño donde le hizo lavar la cara porque tenía sangre, después sí lo llevó al calabozo y le sacó con el celular de él una foto.
Antes de eso apareció el enfermero de la policía Valor, cuando lo vio cómo estaba dijo “que lo vea el médico”, vino el médico Camejo y preguntó con qué se había hecho eso, no entró a la celda para revisarlo, lo revisó desde el lado de afuera, le preguntó qué le había pasado y por miedo, porque lo acompañaba un policía, le contestó que no sabía qué le había pasado, no quería decir “me pegaron ellos”.
Vino un oficial, le preguntó porque estaba detenido, le dijo que estaba por disturbios, porque había saltado arriba de la camioneta del Dr. Maso. No tenía noción del tiempo, al rato escuchó que entró un patrullero y se empezó a escuchar insultos, gritos por parte de los policías, desde la celda no podía ver dónde estaba el patrullero, escuchó que le estaban pegando a un chico, que pedía por favor que no le peguen, los policías le decían “así que te gusta pegarle a los policías”, se hacían besar los borceguíes, besar la pared de la comisaría, repetir “no le debo pegar a un policía, no le debo pegar a un policía, cuando lo vea en la calle lo tengo que saludar”, le ponían detergente en la boca, lo “manguereaban”.
El pibe le contó que le apoyaban el machete en la partes íntimas, le echaron gas “pimienta” en los ojos, lo pusieron con el declarante, al rato trajeron a otro chico, que era menor, no fue tanto el maltrato, lo llevaron en boxer a la celda, estuvo un rato y se fue.
Después venían policías a verlo, Fredes le tiró la comida de rotisería entre las rejas, se hizo de noche, le habían sacado las zapatillas, estaba con la misma ropa, preguntaba porque estaba y nadie la contestaba.
Se hizo la noche, cambió la guardia, vino un policía que se llama Rodrigo, le dijo “vamos para allá adentro que acá está frío”, le entregó la cobija que le había dejado su señora, lo llevó para adentro de la celda, lo trataron bien, le alcanzó gaseosa, cigarrillos y fiambre que llevó su familia.
Cuando cambió la guardia lo sacaron de los pelos de adentro de la celda, a Pelliza también, lo llevaron a empujones hasta el calabozo exterior, el que estaba afuera, se metió un policía que no conoce, lo empezó a revisar, lo cacheaba, encontró los cigarrillos que le mandó su señora, se los tiró afuera, otro policía que estaba con él los pisó, estaban sin abrir.
El mismo trajo la bolsa con la comida que le había dejado su señora, le dejó la gaseosa donde estaban los cigarros pisados y el fiambre con el pan, pero no los alcanzaba desde adentro de la celda, le decían “ahí está la comida” que estaba al rayo del sol, esa misma persona que entró con él a la celda le dijo al otro policía, que estaban sin comer, sin tomar agua y fumar hasta que se fueran.
Antes vino un policía de sanidad y preguntó a quién le dolía la cabeza, respondió que a él, tenía un golpe en la boca, le faltaba un diente, le dijo que cuando tuviera tiempo le traía algo o que se cruzara a la farmacia de enfrente para comprar algo.
Otro enfermero policial le alcanzó un anti inflamatorio. Pasado el mediodía, vino su suegra, que es policía, vio el estado en que se encontraba, los cigarrillos tirados, preguntó si podía fumar y le dijeron que no, que las órdenes de arriba eran que no podía fumar, ni tomar agua ni comer hasta que se fuera.
Cuando se hicieron las once o doce de la noche volvió el doctor Camejo a revisarlo porque le daban la libertad. Leyó que tenía causas por daño, robo, resistencia a la autoridad, no quería firmar, puso que lo hacía en disconformidad, le dijeron que lo firmara porque de lo contrario no se iba en libertad.
Nunca se resistió, le dijeron que subiera al patrullero y subió. Cuando recuperó la libertad fue al Hospital y se hizo revisar, le hicieron placas y, con eso vino al otro día a Fiscalía a hacer la denuncia”.
Tras la reconstrucción histórica del relato a partir de pruebas y testimonios, el juez Pellegrino concluyó que los dichos de Dupuy fueron veraces y condenó a los tres policías.
Además, se sumaron otras dos denuncias contra Scurti. Sobre una de ellas no se recabó prueba suficiente para acusarlo. Sobre la otra sí.
Según el falló acreditó que el “20 de octubre de 2013, siendo aproximadamente las 07:00 horas, Héctor Jesús Argüello, fue demorado y trasladado a la Comisaría Segunda, por los policías Sergio Scurti y Diego Silva, cuando transitaba junto a G.R.G y J.J.C, por la calle 29 bis entre 38 y 40, quienes también fueron demorados y trasladados por otros policías.
Allí, bajan a Argüello del patrullero y sin mediar palabra fue golpeado por Scurti, ocasionándole las siguientes lesiones: un edema y hematoma en párpado inferior y región malar izquierda, un hematoma subconjuntival en el ojo izquierdo y un hematoma en el hombro izquierdo”.
Por ese hecho también fue condenado el policía.