Barabaschi contó que fue detenida en General Pico cuando era estudiante y reconoció al ex policía Carlos Reinhart como el que la torturó en Santa Rosa. Además mencionó a los ex policías Roberto Constantino, Omar Aguilera, Roberto Fiorucci, Oscar Yorio y Néstor Cenizo. Había sido detenida junto a estudiantes de la Universidad Tecnológica Nacional, en 1975, en medio de una toma. Expresó que luego de su liberación fueron perseguidos por policías. Y que, incluso, un fotógrafo del diario La Reforma los seguía «por todo Pico» para sacarles fotos. Supuestamente, esas fotos eran para los servicios de inteligencia.
Raquel Barabaschi, oriunda de Winifreda, fue secuestrada en General Pico cuando era estudiante. Fue salvajemente torturada en la Seccional Primera de Santa Rosa. Estuvo detenida ilegalmente alrededor de 25 días. Sin embargo, sus padecimientos prosiguieron. Paralelamente a su detención a los pocos días del golpe, en Winifreda los militares allanaron las casas de sus padres en el campo, de su abuela en el pueblo y la de su hermana, que trabajaba en el hospital. Entre seis y siete vehículos, patrulleros y carros de asalto fueron por los caminos de tierra hasta la chacra en el Lote XIII donde estaban sus padres.
Su madre, Ema, fue atendida luego por el jefe de Policía, Luis Baraldini, quien le dijo que la dejaba en libertad pero bajo vigilancia en el campo y que no podía volver a Pico. Ahí comenzó el exilio interior, la condena social de sus vecinos que prefirieron darle la espalda. Quedó recluida en Winifreda. «Amigas de toda la vida, te veían venir y se cruzaban la vereda», llegó a decir. Posteriormente, se radicó en Santa Rosa. También bajo vigilancia policial. Nunca pudo terminar su carrera de ingeniería.
Expresó que luego de su liberación fueron perseguidos por policías. Y que, incluso, un fotógrafo del diario La Reforma los seguía «por todo Pico» para sacarles fotos. Supuestamente, esas fotos eran para los servicios de inteligencia.
Con el golpe, fue detenida y liberada al otro día. Pero un día después, otra vez cayó en la cárcel.
Dijo que de Pico fue trasladada a la capital pampeana por un camino de tierra. ¿Por qué? Los policías le dijeron que fue para «evitar» la interrupción de cualquier grupo guerrillero.
Recordó también que Reinhart, cuando la interrogó en la Seccional Primera, estaba vestido con pantalón azul y camisa celeste. «Tenía armas y mientras me interrogaba me iba leyendo la lista de las personas que habían secuestrado», recordó.
Agregó que Reinhart le dijo que a esa lista se la habían proporcionado. No le dijo quién.
Declaró que estando en la Seccional Primera de Santa Rosa escuchó distintos ruidos: llantos y gritos de horror con música fuerte. Dijo que allí se encontró con una mujer de apellido Rodríguez, bastante maltrecha.
Una noche vio a Covella, Calvo y Gil. «El que más me impresionó fue Covella, por el estado en que estaba: ensangrentado y con los ojos rojos», recordó emocionada.
Mencionó a la celadora Nilda Stork y a un policía «de apellido Gauna o Gualpas». «Me pusieron las esposas y me vendaron los ojos con un pañuelo negro. Una vez en la oficina sin decir una palabra me pegaron una fuerte trompada en el estómago», recordó.
Luego dijo que la levantaron y comenzaron a interrogarla. Había entre ocho y diez personas. En esa oportunidad también la habrían sometido a simulacro de fusilamiento. Posteriormente, la amenazaron con una picana. «Era Reinhart. No me olvido de esa voz de pito. Creo que reconocería mil veces su respiración y hasta su olor», dijo.
«¿Conoces la picana? Si no hablás, ahora la vas a conocer», recordó que la amenazó el ex policía al torturarla. Le aplicaron picana en la boca, los dientes, en la lengua y en los senos. «No reconocía mi propio cuerpo», dijo.
Atestiguó que mientras era torturada escuchaba el sonido como el de una soldadora eléctrica. Luego, dijo que le desprendieron la camisa y el corpiño y que la empezaron a manosear hasta que alguien gritó: «¡No, esta hija de puta es tortillera!».
«Yo, con mis 20 años, no sabía qué significaba tortillera. Es muy probable que no me hayan violado porque esta gente era homofóbica», dijo.
En otro tramo de su declaración, Barabaschi contó una situación que la avergonzaba. Pero dijo que más debería avergonzar a los que la cometieron. «Me oriné mientras me estaban torturando porque no había ido al baño en todo el año. Y me continuaron aplicando la tortura con el orín», relató. Aseguró que el que le hizo eso fue Oscar Yorio. Dijo que se enteró porque un amigo de ella, Atilio Navarro, se lo confesó: «Me dijo que Yorio lo contó en un asado y ese amigo vino y me lo contó a mí».
«Ellos se apropiaron de mi vida y la de toda una generación», agregó. Dijo que las celadoras la cuidaron. «Me ponían en sus brazos después de las sesiones de torturas y me contenían».
Dijo que una vez la vio el médico Máximo Pérez Oneto, a quien le mostró cómo había quedado por las torturas. «Ahora no te la aguantás…», le respondió el médico.
Luego de una sesión de torturas, estuvo sin tomar agua durante 48 horas. Las celadoras le colocaban pañuelos mojados en sus labios.
El 20 de abril fue liberada. «No recuperé la libertad. Cambié una cárcel por otra», dijo. «Había persecución y acoso», sostuvo.
Cuando fue liberada, tomó un micro a Winifreda. «En la terminal, había gente que me conocía porque era de Winifreda. No me miraban. Cuando bajé, las cuatro cuadras hasta la casa de mi abuela fueron las más largas de mi vida. Quería bañarme, sacarme la picana, las manos que me habían tocado».
Recordó que «el comisario Otálora», de Winifreda, pedía «huevos y pollos» a su familia para no molestarla. Y que en Santa Rosa sufrió un accidente de tránsito: tuvo la «mala suerte» de ir en un auto que chocó contra un vehículo conducido por la hija de Roberto Fiorucci. «La hija era menor de edad e hicieron pasar que manejaba Fiorucci», dijo.
La mujer reclamó justicia y pidió que los testigos policiales «hablen» frente al TOF. «En la Seccional Primera, todos sabían lo que pasaba. No pueden decir que no sabían o que no se acuerdan», protestó.
Fuente: DiarioTextual.com