A partir de hoy comenzaremos a recorrer la historia de esta ciudad. La propuesta consiste en que juntos ustedes y nosotros podamos mirar hacia atrás, mantener viva la memoria y recorrer con nuestro recuerdos momentos, paisajes, comercios, calles, costumbres, personajes que hicieron y hacen a esta querida ciudad.

Crédito foto: Gabriel Barrós
Abriremos a través de los comentarios un canal de diálogo, para que ud. a través de ese espacio aporte su anécdotas, sus recuerdos, su historia. Lo invitamos a que juntos comencemos a recorrer este circuito histórico. Para aquellos que peinan canas, seguramente será una caricia al alma verse de nuevo en aquellos espacios que en la actualidad muchos de ellos camuflados por otros comercios tienen guardado un pedazo de su propia vida.
Para los más jóvenes una linda oportunidad para sentarse, perderse quince minutos y comenzar a entender el origen de una ciudad que por 1905 fue denominada como «La Chicago Argentina» o que era vendida porque tenía “las mejores tierras, con la mejor agua del centro del país”. Comenzamos a caminar?.
Desarrollo de la historia
La historia de una ciudad se va haciendo todos los días gracias al accionar del hombre común, que voluntaria o involuntariamente va dejando huellas en su camino que se traducen en pequeñas acciones o recuerdos que hoy nos permiten reconstruir la historia de esta ciudad… comencemos por la fundación…
“A fines de siglo XIX y comienzos del XX, la fundación de pueblos no era ya un acto ritual, con cierta atmósfera de religiosidad. Era principalmente un episodio comercial, en el que la propaganda jugaba un papel importante para atraer compradores de lotes y colonizadores, la creación de un pueblo se disponía como una manera de colonizar una porción de tierras obtenidas en la conquista, o en las adquisiciones masivas y baratas que se hacían a los soldados de la conquista. No era un acto de gobierno, sino una operación privada, conducida por una intención de lucro, carente de sentido histórico y sin voluntad de permanencia o trascendencia.
La historia está tan próxima y ha quedado tan bien documentada, que no hay lugar para el arrebato romántico ni para la idealización. Vemos el hecho, con entera claridad, desde su gestación hasta su culminación. Sin embargo, el descubrimiento de esta verdad no produce una actitud de rechazo, sino, por el contrario, de respeto. En todo caso, nos enseña a reconocer a las fuerzas autenticas que hacen la historia.
Porque lo cierto es que aquellos hombres estaban haciendo historia.
El nombre del fundador de General Pico es Don Eduardo de Chapeaurouge; quien no es ni un prócer ni nada por el estilo, era un agrimensor que por su reconocido accionar en la fundación de pueblos se supo ganar el mote de “Sembrador de Pueblos”.
Para el caso en particular de General Pico, Don Eduardo de Chapeurogue propone a don Eduardo Castex (dueño de las tierras) la fundación de un pueblo, teniendo en cuenta que el ferrocarril oeste pasaría por el lugar en forma casi inmediata, ya que sé venia construyendo una línea desde Bahía Blanca. Castex; acepta y el negocio queda en manos de Chapeaurouge, este divide las tierras en solares y chacras a partir de la estación del ferrocarril que para Julio de 1905, estaba en construcción a un metro y medio del nivel del suelo, aunque la primera construcción terminada en la ciudad fue un galpón de Ramos Generales construido por el Sr. Aubin, junto con una cuadrilla de veinte peones, que formaron campamento frente a la estación, para levantar los galpones de hierro de la casa de comercio de los Sres. Juan L. Pozzo y Cia. que a buen título se la llamo la fundadora.

En la calle 18 Nº 898 se fundó el primer almacén de Ramos Generales el 17 de septiembre de 1905 de la firma Torres Acosta, Pozzo y Cía. Se llamó “La Fundadora” – Crédito foto: Gabriel Barrós
Fotos actuales tomadas en calle 18 y 19






Fijada la fecha del remate para el 11 de noviembre de 1905, se comenzó con la publicidad de la fundación de la futura gran Ciudad del oeste. Denominada por Chapeaurouge «La Chicago Argentina» (quizás por el hecho de que Chicago era el más importante núcleo Ferroviario y además el principal productor de la prospera región del medio oeste de Estados Unidos) estos avisos y esa frase no solo se reprodujeron en afiches, sino también en avisos de diarios, Ej. La Nación.
La publicidad produce sus efectos y para ello no se dejo librado al azar ningún detalle, la fecha de fundación coincidió con el remate de las tierras y con la llegada del primer tren del oeste, así llegaron los primeros compradores procedentes de Buenos Aires y mucha gente en carros de distintas zonas; atraídos por los anuncios de que se vendían las mejores tierras, con la mejor agua del centro del país. En este tren especial de Buenos Aires, además de los posibles compradores, arribo el Gobernador Dr. Diego González, su secretario Víctor Lamela, el intendente de la ciudad de Buenos Aires, Antonio Guiraldes, Juan Fons Artiga, el Dr. Mitre director del diario La Nación y otras personalidades. Venían muchas personas, que al son de los acordes de la banda de música y disparo de bombas, se encaminaban a ver el trazado del pueblo y eligiendo sus lotes ya preferidos, según el plano.
El remate de las tierras se realizo en el galpón de ramos generales de Juan L. Pozzo y C.I.A., ubicado en calles 18 esq. 19, donde ahora se encuentra una estación de servicios.
Ya desde temprano más de 200 vehículos de puntos lejanos habían llegado al renombrado Pico con ansias. Aquello era una verdadera fiebre de entusiasmo que a pesar de las incomodidades del lugar de remate y del momento hacia que los espíritus no desfallezcan.
El remate duro tres días, siendo el tercer día más animado que el segundo y las ventas sobre pasaron el millón de pesos moneda nacional. Todos querían poseer un pedazo de suelo como si se tratara de una «Tierra Prometida», pero no todo andaba bien, ya que entre la concurrencia había personas interesadas en hacer fracasar el remate. Algunas de estas personas eran emisarios de fundadores de otros pueblos que a pesar de una descarada ayuda oficial no conseguían progresar, debido a las pésimas tierras en que los habían ubicado.
Empezaron con divulgar la noticia de que el empalme del Ferrocarril Pacifico era un sueño, que el pueblo no tendría vida propia, que el nombre de «La Chicago Argentina» era una burda superchería y que los compradores que invertían sus ahorros en estas tierras, tarde o temprano quedarían en la miseria.
En efecto el ferrocarril pacifico había prometido empalmar en el lugar en donde estaba ubicada la estación de Ferrocarril Oeste, pero no había pasado de la promesa. Esta demora hacia fracasar parte de los planes de los compradores. Sé sabia que en Catriló había un ingeniero del ferrocarril Pacifico, pero nada más.
Además aprovechando el arenal que contenían los médanos existentes en los futuros terrenos de la ciudad, en donde las personas se enterraban hasta casi las rodillas, aseguraban que en ese arenal era imposible vivir.
El primer día del remate no hubo mucha animación, ya que la gente quería ver llegar la cuadrilla del Ferrocarril Pacifico y nada se divisaba.
En los planos figuraba el empalme dibujado en los lienzos y avisos de propaganda, pero hasta ese momento nada había seguro. Los ánimos estaban excitados; y los emisarios hacían circular malas noticias. Hubo un momento en que se suspendió el remate; el almuerzo no fue alegre, había algo flotando en el ambiente, abatimiento, desconfianza, pero de pronto alguien lanzo un grito ¡Llega alguien a caballo! Son indios dijeron algunos, ¡no!, son coches que vienen al remate, dijeron otros pero nada se divisaba más que un punto negro envuelto en una nube de polvo en el lejano horizonte.
Los concurrentes miraban todos para aquel lado y dramáticamente se divisaron las mulas y los carros cargados de carpas y de herramientas que bajo la dirección del ingeniero Tomas Allan y 1.700 hombres, darían principio al terraplenamiento de la línea y tenderían los rieles. Don Tomás Allan, que venía a su frente, se adelantó al grupo de obreros, subió al estrado del rematador Castellanos y confirmó que el ferrocarril pasaría por este punto. No se sabe si se trató de un golpe de efecto muy bien urdido o no, pero lo que importa es que resultó verdadero el anuncio y que su efecto fue inmediato. Los recelosos depusieron su actitud y Castellanos concretó numerosas ventas. El ferrocarril llegó poco más tarde y el progreso comenzó a galopar por estas tierras.
La mayoría de los compradores de tierras fueron inmigrantes con algún oficio, albañiles, carpinteros, herreros, también panaderos o carniceros, en síntesis se formo una comunidad de trabajo, esto junto a la gente que venía haciendo la línea del ferrocarril desde Bahía Blanca, que eran alrededor de 1.700 personas, hicieron al crecimiento rápido del pueblo, El pueblo fue entonces la obra de quienes lo poblaron, de quienes vinieron a levantar los muros de su hogar, de quienes surcaron por primera vez sus campos con la reja fecundante del arado. El verdadero fundador de General Pico no fue otro más que el anónimo del comerciante, el pequeño industrial, el maestro, el chacarero, el profesional, el obrero… el hombre, en fin que abandonó un pueblo ya establecido, una situación ya hecha, y afrontó la aventura de lo desconocido en la tierra virgen, en el horizonte inédito. Y que trajo esa voluntad de mejorar su situación, que es la fuerza que construye pueblos y dignifica vidas. Que vino con aspiraciones de bienestar, pero también trajo sueños; que vino con intención concreta de prosperidad, a cuyo servicio puso inteligencia y saber, pero que también trajo un tesoro de sentimientos, que habrían de enraizarlo en esta tierra y hacerlo repetir aquí, como en tantas partes del viejo planeta, el desposorio creador.”
Colaboración: Turismo de la Municipalidad de General Pico