En los últimos años, cada vez es más numerosa. Trabaja fundamentalmente en la producción textil, en dos talleres sin nombre ni cartel, ¿habilitados?, o en Zona Franca y otras empresas de la ciudad. Según la Oficina de Migraciones delegación La Pampa, en General Pico hubo radicados legalmente entre el año 2008 y 2011, unos 64 bolivianos. La cifra seguramente es mayor.

¿Por qué Argentina?
La diferencia cambiaria es una de las claves. Desde hace siete años, el peso argentino es más alto que el boliviano. En la actualidad por cada boliviano se compran 67 centavos de peso argentino. La disparidad de valor entre las dos monedas, durante tanto tiempo produjo una inmigración muy fuerte desde ese país limítrofe.
Es que aunque aquí ahorren muy poco dinero para lo que serían las expectativas de cualquier trabajador local, para un boliviano ese dinero vale mucho cuando regresa a su país.
Así lo relató una joven, que pidió reserva de identidad y que desde hace seis meses está en nuestra ciudad. “Vengo un tiempo, junto toda la plata que tengo, si llego me compro una moto, después si da, la vendo y vuelvo a La Paz, pero con dinero”.
La joven fue seducida por un pariente. Vive en la misma casa junto a tíos, tías y sobrinos donde funciona el taller textil. El hombre fue el primero en llegar a General Pico, a poco estar aquí convocó a su familia, los vecinos, los primos, los hermanos. Algunos vinieron unos meses y regresaron con algo de plata en los bolsillos. Otros permanecen aún. Y seguramente más bolivianos llegarán a la ciudad en busca de un futuro mejor.
A la joven entrevistada le gusta la ciudad y su gente y cree que aquí va a progresar. Le llama la atención, sobre todo, la libertad de las mujeres.
En su ciudad de origen hay poco trabajo y muy mal remunerado, y una relación de pareja diferente a la que observa en Argentina. Además, en General Pico (el único lugar de nuestro país que conoce) se puede progresar con poco. “Los de acá siempre están desconformes, quieren más y con poco uno se puede arreglar y progresar”, afirmó.
Aquí trabajó en el taller de su pariente hasta que la convocaron desde una fábrica textil ubicada en Zona Franca. Los empresarios locales prefieren a los trabajadores de origen boliviano por la aplicación que ponen en el trabajo y las largas jornadas a las que están acostumbrados, sin realizar reclamos constantes.
Y son cada vez más parte del paisaje piquense. Y mientras la paridad cambiara les permita “hacerse la América” (como antaño les pasó a nuestros abuelos y bisabuelos que vinieron de Europa) el fenómeno de la comunidad boliviana va a ser más fuerte.