Un día como hoy, hace 64 años Juan Domingo Perón nacionalizaba los ferrocarriles. En 1991, otro gobierno peronista, el de Carlos Menem, le daba la estocada final y los privatizaba. General Pico era zona troncal, tenía 800 ferroviarios en la ciudad y 1200 en la zona.Quedaron poco menos de cien. Se perdieron los trenes de pasajeros. Se siguieron subsidiando con cifras monstruosas a las privatizadas , no se hicieron las inversiones convenidas y se perdieron miles de km de vías férreas. El día del ferroviario tiene un sabor amargo en la boca.

Nacimos y crecimos al calor del ferrocarril
Nuestra ciudad nació con la llegada del tren, como ocurrió en la mayoría de las poblaciones pampeanas. La Argentina se diseñaba por aquellos años al ritmo de las locomotoras.
La red ferroviaria fue una herramienta eficaz para consolidar un modelo de país agroexportador, pensado por los liberales de la “Generación del ‘80” con Mitre, Sarmiento y Avellaneda a la cabeza. Un modelo concentrado en el puerto de Buenos Aires.
Las primeras líneas ferroviarias fueron hechas por el gobierno nacional pero pronto se entregaron a los ingleses, cuyos gerentes o asesores muchas veces ocupaban cargos en el mismo gobierno.
La expansión ferroviaria fue exponencial. En 1870 había 772 kilómetros de vías. En 1900 la cifra había alcanzado los 16.500 kilómetros de vías, y cinco años más tarde, se duplicaba 33 mil kilómetros. Argentina estaba entre los diez países del mundo con mayor extensión de vías ferroviarias.
Pero sobre la década del ’40, la revalorización de lo nacional fue un cambio cultural profundo, con consecuencias políticas. Lo aprovechó Perón, que hizo de la nacionalización del ferrocarril una de sus principales banderas en los primeros años de gobierno.
No fue solo una transferencia de administración. Fue el ícono de una nueva forma de hacer política y del sentir popular que pugnaba por un país diferente; ya no dependiente de los de afuera, sino seguro de sí mismo, de su identidad nacional. Iba de la mano de un proceso de industrialización de sustitución de importaciones y de un estado fuerte e interventor.
Hasta 1957, el ferrocarril creció para luego iniciar una lenta debacle.
Hacia la destrucción
Según el gremialista Juan Carlos Tineo, la idea de la privatización empezó en la década del ’70 con las aves rapaces volando sobre el patrimonio nacional, logrado con el esfuerzo de generaciones y generaciones de trabajadores argentinos.
Pero con fue durante el gobierno de Menem que se le dio la estocada final. De los 60 mil trabajadores que tenía FFCC a fines de los años ochenta, quedan solo 15 mil. Para ello, el país tomó un crédito al Banco Mundial de 700 millones de pesos.
Se cerraron cientos de ramales y desaparecieron o se convirtieron en “pueblos geriátricos” cientos de localidades del interior que quedaron sin tren. Lo que quedó poco a poco se fue deteriorando aún más por la falta de inversiones y la sobrecarga de los trenes de granos.
La red operable nacional al momento de la privatización era de 35.746 km. Tras el despido masivo de trabajadores, la privatización y el incremento de subsidios nacionales, en diez año habían quedado solo 8339 km de vías ferroviarias.
El corredor que llegaba a Pico también fue diezmado. De los 5.400 km de vías operables entregadas a Ferro Expreso Pampeano, a 10 años de la concesión habían quedado solo 1800 km. Jugaron en contra las inundaciones pero sobre todo la sobrecarga que durante años se le imprimió.
El menemismo y sus secuaces argumentaban que el tren era caro e ineficiente. Memen lo privatizó. Siguió siendo muy caro para el estado, ya que los subsidios millonarios pasaron ahora a las empresas privadas concesionarias del servicio. En algo cambió: empezó a ser muy eficiente para las empresas que, como en el caso de Ferro Expreso Pampeano, transportaban los granos de su propio holding a precios diferenciados.
Para los argentinos, continuó siendo ineficiente hasta causar 51 muertos la semana pasado. O directamente terminó siendo un fantasma, una identidad nacional añorada y una necesidad para el sector más desprotegido.
La esperanza, larga, larga esperanza
El 6 de diciembre de 2003 llegaba el entonces presidente Néstor Kichner con todo su séquito a General Pico. En el salón de planta alta de la Municipalidad anunciaba que en marzo de 2004 volvería el tren de pasajeros a La Pampa. Había sido uno de sus caballitos de batalla de la campaña electoral.
No fue el único anuncio. Ni la única desesperanza. Hubo y hay luchas de gente que se organizó desde alguno de los cuatro gremios que nuclea a los ferroviarios, o desde la sociedad civil.
Sin embargo, los años pasan y el tren de pasajeros sigue siendo tan solo una nostalgia. A 64 años de la nacionalización del ferrocarril, los ferroviarios tienen poco que festejar.