Fue traída desde una provincia norteña con la promesa de trabajar de empleada doméstica cama adentro. Pero el destino en nuestra ciudad no era una casa de familia, sino uno de los cabarés locales. La obligaron a trabajar para pagar el pasaje, la comida y la estadía que le daban en una miserable piecita del local, deuda que no se terminaba nunca. Tuvo de compañeras a menores de edad. Pudo salir con ayuda de un cliente que canceló lo adeudado, y con quien formó pareja. Su testimonio es un reflejo de la dura realidad de la peor de las esclavitudes: la esclavitud sexual maquillada de “prostitución voluntaria”. Y una descripción de cómo se capta a las chicas, como se las somete y como se burlan o se omiten los controles y la ley.
Dos testimonios que acompañaron las declaraciones de Susana Trimarco en el juicio por la desaparición de Marita Verón víctima de una red de trata, señalaron que fueron captadas en La Pampa. El juicio está recorriendo el mundo entero. Y el testimonio de C.B. lo confirma.
Por razones de seguridad y de respeto a la víctima, no se identificará a la mujer que accedió a contar su historia, ni se dará dato alguno que posibilite localizarla. La entrevista textual:
¿Cuántos años hace que estás en Pico?
Hace tres años.
¿Cómo llegaste acá?
Por medio de una piba que me trajo diciéndome que iba a trabajar cama adentro, que iba a estar bien. Y en realidad no fue lo que ella me había dicho.
¿De dónde venís?
Prefiero no decirlo… del norte del país.
¿Cuántos años tenés?
39. Yo estaba recién separada. Había conocido a la piba ésta tratando de vivir mejor, de estar mejor. Mi idea fue organizarme con mis hijos, tengo cuatro.
¿La conocías de hacía tiempo, o fue de casualidad?
De casualidad. Yo vivía en la casa de un señor cuando la conocí. Era amiga de ese hombre. Ella me empezó a decir que ella estaba bien, se la veía bien, bien vestida, con plata. Pensé, es otra historia. Ella me dijo que trabajaba cama adentro. Y el hombre me dijo que sí, que era cierto. Al hombre mucho no lo conocía, solo porque lo alquilaba.
¿En cuánto tiempo hicieron el trabajo de convencerte?
Muy poco, más o menos unos 15 días porque yo tenía la desesperación de buscarme un buen trabajo, de tener los chicos conmigo, porque los tenía el padre porque yo no tenía donde estar ni trabajo seguro. Me vine sola. El pasaje me lo pagó el local donde vine a parar.
Así que cuando ya llegaste, empezaste con deuda.
Claro. Llegué una noche, me dieron una piecita donde dormir y me dijeron que al otro día venía a hablar la señora conmigo para que pueda empezar a trabajar.
¿Vos viste la casa donde parabas?
Nada, era de noche, llegamos como a las 12 de la noche a la terminal y de ahí tomaron un coche. Llegamos y me metieron en una pieza. Dio la casualidad de que esa noche no se trabajaba porque no sentí nada. Al otro día, empezaron salir chicas por todos lados. Yo me preguntaba que pasaba, si eran las chicas de la señora. Después empezaron a salir con pocas ropas. Nadie me saludó, es como que nadie te conoce, no existís para nadie. Mayormente eran chicas de afuera. Fuimos con una a la cocina a tomar mate y le pregunto por la piba que me había traído para hablar con ella. ¿Quién?, me dice. Le contesté la que me trajo, que se llama María. Y me dijo que acá tenía otro nombre, que ella se había ido esa misma noche. ¿Cómo?, pregunté yo, y ahora, ¿con quién tengo que hablar? Pasó todo el día, llegó las 8 de la noche y recién ahí llegó.
A esa altura, ¿te habías dado cuenta de que eso era un cabaré?
No, porque en el lugar donde yo vivía no se conoce lo que es. Es un pueblo muy chiquito y nunca había salido de ahí. Hasta hoy en día no existe. Nunca había viajado a ningún lado. No se me había ocurrido pensar en qué era eso, yo esperaba a la señora para que me dijera donde empezaba a trabajar. A las 8 de la noche empezó el barullo, la música, las chicas que se ponían poca ropa y se pintaban. Llegó la mujer y me dijo de malas maneras ‘vos que hacés así, andá a cambiarte’. De última si te gusta o no, vas a tener que trabajar porque nosotros te pagamos el pasaje, va a ser la forma para devolver la plata que te hemos dado, cuando saldes la deuda te podés ir de acá. Eran como 400 pesos ese entonces.
¿Te cobraban por vivir ahí?
Con el trabajo vos tenías que pagar tu estadía y la comida. Eso se descontaba todos los meses del trabajo.
¿Las copas y los pases (relaciones sexuales)?
El sexo, si vos querías. No era obligación. Lo único que con el pase tenías más ganancia. La copa salía 30 pesos, 15 quedaba para mí y 15 para el local, en cambio el pase podía ser de 3 precios, 80 pesos el de 20 minutos, 120 el de media hora y 180 el de la hora entera. El de 180, te daban 80.
Los pases, ¿se hacían ahí mismo en el lugar?
Ahí mismo.
¿Recordás el cabaré donde queda? ¿Recordás a la mujer?
Si.
¿La volviste a ver?
No, porque nunca ando por la calle.
Si la verías, ¿te asustarías?
No.
¿Cómo hiciste para salir?
Ahí conocí a un hombre, le conté mi historia y me preguntó si quería salir de ahí. Le dije que sí pero que no podía porque tenía deuda.
¿Nunca lograste guardar algo de plata?
No, pero había una chica de Santa Fe que me daba pulseras que lograba con el trabajo para ayudarme. (nota de redacción: por cada pase o trago, se le entrega a la alternadora una pulsera de diferente color que se canjea luego por el dinero). Había una señora que hacía eso porque yo me la pasaba en un rincón en la oscuridad, si no me podían ver, mejor porque entonces no trabajaba. Pero venían y me maltrataban y hasta me decían que si no trabajaba iba a ir presa para cubrir la deuda que tenía que cubrir. Me amenazaban de esa manera.
Finalmente, ¿Cómo saliste?
El hombre, que ahora es el papá de mi hijo, terminó de abonar lo que me faltaba y salí. Estuve un mes y 15 días allí.
¿Cuánto te cobraban por la comida y la estadía?
Era un monto que se dividía entre todas las chicas. Éramos 25 chicas.
¿Todas de afuera?
No, pero más de afuera que de Pico.
¿Había de otros países?
Sí, había paraguayas, dominicanas.
¿Todas vivían ahí?
Las de acá, de Pico, salían, las otras vivíamos adentro. Éramos 20 chicas y se nos daba para salir los lunes, la que quería, teníamos hora de salida y de entrada.
¿La relación con las otras chicas, como era?
Muchas chicas son frías, si te ven y te pueden pasar por encima, mejor. Vos luchás por lo tuyo. Y tuve la suerte de conocer esta señora santafecina que me ayudó mucho. Al año que yo salí, la vi a la señora afuera, ya realizada con familia.
¿Te maltrataban adentro?
No. Bah, sí, cuando no trabajaba sí, me decían cualquier cosa. Lo único que buscaban era que les rindiera ahí adentro.
¿Había chicas jovencitas?
Chicas hasta menores de edad. Cuando llegaban a hacernos control, tanto a ellas como a mí me encerraban en una piecita.
Pero si vos sos mayor de edad…
Igual, porque acá en Pico no estaba por mi propia voluntad.
¿De dónde venían los controles?
De la Municipalidad, venía con la policía.
Pero siempre estaban encerradas cuando venían…
Sí, porque siempre había uno que estaba fichando cuando llegaba el control.
¿Cuántas veces hubo controles durante ese mes y medio?
Como cuatro veces. Después cuando alcancé a hacer la libreta sanitaria, ya no. La libretita decía alternadora, y cuando fui a trabajar al frigorífico lo tacharon y le pusieron frigorífica.
¿Cuántas chicas menores de edad había?
De 3 a 4 chicas. No eran de acá, no sabría decirte bien de donde. De 14 a 16 años.
Los hombres, ¿te trataban mal o bien?
No, a veces por obligación de la misma patrona que tenía en ese momento, me tocaba atender gente muy bajo, súper atrevidos, súper malos, como también encontrabas hombres que solo querían charlar, venían con problemas familiares. Pero había otros que te exigían que te sientes sobre él y estaba metiéndote mano. Y no podés hacer porque es el lugar donde estás y te la tenés que bancar.
¿Iba mucha gente?
Sí, más que nada entre el viernes y el domingo.
¿Qué sacaste de esta experiencia?
No sé, que sé yo. Es como un progreso dentro de la vida mía. Es como darle a mi vida otro sentido. Y a la vez, proteger a mis hijas porque tengo dos nenas en una edad difícil. Están conmigo, pero me quedaron dos hijos en el norte.
¿Qué les dirías a los hombres que van a los cabarés?
No sé que podría decirle, porque al hombre, le diga lo que le diga no recibe nada. Ellos mismos saben por su propia conciencia que están haciendo mal, pero siguen. Y a la vez que ellos siguen, esto sigue.