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Hombres que hacen a la historia de Pico

Son esos 45 obreros metalúrgicos que tomaron la planta de la ex Luna Hnos S.A. durante un año, cuando sus dueños la abandonaron allá por el ’99. Los que formaron la cooperativa La Histórica. Esos 7 “locos” del Consejo de Administración que sacaron créditos hipotecando casas y autos para poder comprar materia prima y seguir produciendo. Son los que durante casi dos años apenas sobrevivieron y que en marzo de 2002 iban a bajar las persianas de la fábrica y del coraje. Son aquellos que la devaluación de la moneda impuesta por Duhalde les volvió a abrir las esperanzas y las ganas de luchar. Son los que hoy llevan adelante una empresa próspera y en crecimiento.

Luna Hnos. llegó a tener 510 empleados en sus 2.800 metros cuadrados. Había nacido a fines de la década del ’50 y en su mayor esplendor, en los ’70 llegó a tener materia prima y producción en todos los galpones privados de Pico con algún lugar para acopiar, los del predio de Sociedad Rural, los del Ferrocarril de Dorila y uno de Pico, y unos 30 vagones que estaban donde hoy es el Paseo de los Inmigrantes.

Exportaban bulones, tornillos, tuercas y otros materiales a Cuba, Canadá, Italia y Estados Unidos. Entre sus paredes se trabajaba las 24 horas del día en tres turnos, los 365 días del año.

Pero la debacle empezó a caer poco a poco a partir de los ’80, con la apertura de la importación y el desmanejo de los herederos de Héctor Luna. En el ’91 entró en convocatoria, aún no se terminó. Y poco a poco fueron vaciando la empresa y llevando máquinas y producción a otra que tenían en Hurlingham.

En el ’99, los empleados dijeron basta. No permitieron que saliera un camión más llevándose el capital acumulado durante años de trabajo. Héctor Luna hacía un mes que ya no pisaba la fábrica.

Al día siguiente, el dirigente gremial Martín Oderiz ya estaba en Santa Rosa iniciando los trámites para conformarse en cooperativa y gestionar ayuda. Estuvieron un año enmarañados en papeles, sin poder trabajar.

Les cortaron la luz, pero siempre hubo un grupo de 6 ó 7 trabajadores dentro de la fábrica, cuidando que no se llevaran lo poco que quedaba. Una vecina les pasaba un alargue con energía eléctrica y la señal de TV por cable para alivianar la lucha.

Finalmente lograron conformarse en una cooperativa, pero no había material para trabajar ni tenían dinero para ponerla nuevamente en funcionamiento.

El primer trámite era alquilar la fábrica. Lo lograron en marzo de 2000  y por cinco años. El pago fue no reclamar a Luna la indemnización debida a los 45 empleados.

Con el gobierno se pactó que por cada dinero que les daba, a las 48 horas se rendía cuentas. Mandaban una carpeta a ASIMRA (el gremio a través del cual se depositaba el dinero), una a la cooperativa y una al gobierno.

Necesitaban 350 mil pesos para poner la fábrica en funcionamiento. El gobierno provincial les dio un subsidio de 50 mil pesos, 57 mil pusieron los compañeros de trabajo por fondo de desempleo (por única vez cobraron unos 12 meses por adelantado, pero los dos gremios se quedaron con lo correspondiente a cuatro meses) y los 7 miembros del Consejo de Administración sacaron un crédito por 50 mil pesos. Hipotecaron viviendas y autos, en muchos casos a espaldas de sus familias.

Con eso compraron materia prima, la producían y la vendían. La Municipalidad les prestaba 5 mil pesos cada tres meses, que se devolvían a los 90 días. Asi llegaron a hacerse del stock de materia prima necesaria.

El primer año fue durísimo. Durante el 2001 se llevaban 50 pesos por quincena más las ayudas gubernamentales en alimentos. Un plan Trabajar de entonces era de 200 pesos.

Llegó la crisis de 2001, los cinco presidentes en un día, una Argentina que parecía despedazarse en mil fragmentos. La desindustrialización, que tuvo su mazazo en la gestión de Menem, hervía en las calles, junto a las despolíticas y las privatizaciones. Un kilo de bulones importados costaba lo mismo que un kilo de materia prima para fabricarlos. Imposible producir. Las fábricas se cerraban una a una y la desocupación teñía el rostro social.

¿En qué cabezas cabía tomar créditos, renunciar a las indemnizaciones y el seguro de desempleo para continuar con una fábrica inviable? Martín Oderiz lo responde: “Era lo único que podíamos hacer, teníamos en promedio una edad de 57 años y no sabíamos hacer otra cosa que bulones”.

Llegó Duhalde y terminó con el 1 a 1. Lo importado se encareció y los obreros de La Histórica, como miles de obreros en el país, empezaron a respirar esperanza.

Cada año fuero produciendo más y en los últimos tiempos los excedentes anuales son más que sustanciosos. Cada uno sabe qué función cumple en la empresa, pero todos cobran lo mismo de acuerdo a las horas trabajadas, sea el presidente de la cooperativa o el ordenanza. Tienen un futuro promisorio, con un mercado demandante. Hoy producen unos 6 mil kilos de bulones por día, el 25 % de lo que producía Luna Hnos. en su mejor momento. Tienen un futuro promisorio, con un mercado demandante.

Algunos se han jubilado, otros fallecido. Los que se van incorporando son familiares de los 44 socios fundadores de la cooperativa.

Los galpones y las máquinas salieron a remate durante los años 2010 y 2011. Las compró el gobierno provincial a través del BLP y las cedió a la cooperativa. Hoy son propiedad de este grupo de hombres que hace 12 años decidieron seguir luchando con la frente alta ante tanta adversidad. Como quijotes contra molinos de viento. Hoy el viento está a favor. Son hombres que hacen historia, de esas historias dignas de contar.