Tiene 85 años y está escribiendo el libro con la historia de nuestra tierra, desde el poblamiento indígena hasta la década del ’60. Fue docente, voluntaria y después de su cuarta década de vida, una tenaz recopiladora de historias, objetos, fotos y documentos históricos. Fundó el Museo Regional Maracó, de donde fue expulsada, pero sigue siendo una referente fundamental a la hora de hurgar en nuestro pasado. Su apellido es el de uno de los fundadores: La Gioiosa.
“Me ponen muchos inconvenientes para terminar el libro. Primero lo demoré por enfermedad, pero ya tengo muchas historias escritas. Van a ser varios volumen, tiene muchas anécdotas, documentación y muchas fotos”, relató Rosita La Gioiosa.
Apila innumerables hojas escritas a mano que su amiga Marinés Olave de Torti pasa a máquina. “Me han dicho que las imprentas no las reciben así, que tiene que estar escrito en las nuevas tecnologías y yo las desconozco totalmente”, dijo con un dejo de tristeza.
El libro aún no tiene nombre. “Los cuatro hermanos Olave Pellat propusieron como nombre ‘Mi aldea, mi pueblo, mi ciudad’, pero como mi relato no va a llegar a mi ciudad, aún no sé cómo se va a llamar”, confesó.
Además de continuar escribiendo el libro, es miembro activa de la Asociación de Historiadores del Norte de La Pampa y continúa vertiendo su memoria en cada encuentro.
De joven gustaba divertirse y estudiar, recién después de los 40 años se inclinó por la investigación histórica. El 11 de noviembre de 1967 fundó el Museo Regional Maracó, con el apoyo del entonces intendente Carlos Larandaburu, y la primera exposición se realizó en el salón principal de Casa Ford, de calle 15 y 20. Cambió de lugar unas 8 veces hasta que se instaló en el actual sitio de calle 14 y 17.
“Muchísimas veces puse plata de mi bolsillo, compré muchas vitrinas, las canaletas para acomodar el edificio, las verjas, la alarma… Y me fui echada, cambiaron todas las cerraduras no pude entrar más”, recuerda con dolor. Era directora del museo y por desavenencias con la entonces Directora de Cultura, Norma María Gloria Aragón de Campanari y con el ex intendente Luis Alberto Campo, fue literalmente echada de ese espacio que había creado con tanto ahínco. Ocurrió el 7 de diciembre de 2004. Los funcionarios la hicieron a un lado, pero la gente, los investigadores, los estudiantes nunca dejaron de referenciarla como quien guarda el tesoro de la historia de la ciudad.