La irrupción en el tranquilo escenario píquense de un grupo de desocupados cortando calles, quemando gomas y tomando la Municipalidad provocó un revuelo en la modorra pueblerina. Como con ningún otro tema, la agenda pública en los comercios, los bares, las veredas, las oficinas de trabajo, los blogs y los foros en internet se rebalsó del tema. Y aparecieron entonces los comentarios más fachos que se podrían escuchar. En la década del ’80, la periodista italiana Oriana Fallacci dijo que todos los argentinos llevamos adentro un enano fachista. En la semana que pasó, creció y creció a niveles impensados.
La calle determinó que el problema no es el hambre de un sector de General Pico, la desocupación, la miseria y la falta de oportunidades; la sociedad en general dictaminó que el problema es el alboroto en la tranquila ciudad. Y no poder ver al otro, ni ponerse en el lugar del otro, no es más que una actitud fascista, autoritaria. Se puede no coincidir con la protesta o los métodos de la protesta, pero la descalificación, la xenofobia, el prejuicio y las mentiras tienen que ver con el enano fascista que todos llevamos adentro, y se alejan muchísimo del derecho que todos tenemos de expresarnos.
Se escuchó decir “a esos bolivianos que están en la plaza, que vayan a trabajar”. No hay bolivianos en la manifestación. Si el término se utilizó como forma de desprecio, qué tristeza escucharlo de descendientes de varias etnias que escaparon de sus países de origen porque se morían de hambre y acá encontraron las puertas abiertas.
Se escuchó decir “estos son punteros del intendente, les prometió antes de las elecciones,pero como no cumple las promesas, ahora le pasan factura”. Opinión sin ningún fundamento, pues los dirigentes que están a la cabeza de la manifestación, poco tienen de punteros peronistas ni acuerdan con las políticas del partido gobernante.
Se escuchó decir “son unos vagos que no quieren trabajar”. Quizás no han utilizado la más eficiente estrategia para generar un trabajo que les permita vivir dignamente, pero desde hace meses laboran una hectárea ubicada en calle 21 y 56. En enero era un descampado, hoy está desmalezado y cultivado, con una construcción realizada a pulmón, con agua para regar y luz eléctrica.
Se escuchó decir “que les den una pala, cuando les dieron herramientas las quemaron en el piquete anterior”. Erróneo. Las mostraron para significar que trabajaban con herramientas precarias, ninguna fue quemada.
Se escuchó decir: “a estos no los hacés laburar por nada, en Pico si querés trabajar, laburo hay”. Ojalá fuera así, pero cualquiera que esté buscando trabajo, sabe que no es tan fácil, y menos si no hay escolarización mediana, si se es de tez morocha, si el lenguaje es insuficiente, si… si…si….
Se escuchó decir “son una manga de vagos, si encuentran trabajo son tan honestos que lo devuelven”. Quizás puedan conseguir una changa, de esas que son una explotación laboral con todas las letras, sin ningún derecho, con humillación de yapa, escasa paga y muchas horas. Quienes asegura que no quieren trabajar, ¿agarrarían un trabajo de ese tipo, donde te pisotean, te pagan dos mangos y te exigen horas y horas de trabajo no reconocido? ¿O es fácil juzgar cuando se tiene un trabajo medianamente cómodo y bien pago?
Claro que si los puestos de trabajo sobraran, ya el mismo Municipio los habría ofrecido públicamente a los desocupados para calmar el clamor. Lamentablemente, no están, no existen y la ciudad bonita que se pinta no es la única, hay otra que generalmente no se visibiliza, que está oculta en la periferia, que se manifiesta en un lenguaje erróneo como la violencia en las escuelas, la violencia entre vecinos, la droga y el alcohol en los jóvenes, la depresión en los adultos.
Hay una ciudad oculta que en la última semana se manifestó en la Municipalidad. Y ante esto, el resto de la ciudad tenía dos posibilidades: o acercarse y conocer “al otro” (que también es conciudadano) o despreciarlo con epítetos xenófobos y racistas. El enano fascista que todos llevamos adentro eligió escandalizarse ante la manifestación antes que ver la miseria que visibiliza.