Entre las 6 y 7 de la mañana del sábado, la familia Arenas descansaba sin percatarse que “amigos de lo ajeno” habían ingresado en su vivienda de calle 537 esquina 500 bis por el portón que da a la calle 500 bis. Cuando los integrantes de la familia se despertaron y, como cada mañana comenzaron su rutina diaria, hallaron que faltaba la bicicleta, dos pares de zapatillas, la bordeadora y un par de guantes de moto. El portón estaba abierto y se llevaron todo lo que había en el lugar. La perra que generalmente ladra ante desconocidos, en ese momento había “desaparecido”.
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