Hace unos 10 días su hija de 6 años le contó que el papá, es decir su marido, la había tocado en sus partes íntimas. Días atrás había descubierto que el hombre, cuando se levantaba a las 5 de la madrugada y se instalaba frente a la computadora, consumía pornografía fuerte. Radicó la denuncia, la policía lo demoró pero la Justicia lo soltó a las 14 horas. Está desesperada. No tuvo la contención que prevé el nuevo Código Procesal Penal, ni le dieron abogado que la representara, además sintió discriminación por “ser pobre y paraguaya”. Reclama tratamiento para su marido y ayuda para ella y su hija.
Hace unos 5 meses que en la casa se alegraron porque por fin lograron contratar un servicio de internet. Pero no todas fueron rosas. Según el relato de la mujer, al tiempo, el marido comenzó a levantarse a las 5 de la madrugada para instalarse frente a la computadora. La mujer comenzó a notar cambios en la intimidad que no le gustaban y le comentó toda la situación a su psicóloga. Esta recomendó controlar que hacía su marido frente a la pantalla en horas en que nadie lo veía. Fue así que descubrió que consumía pornografía pesada. Cuando se lo recriminó, el hombre se largó a llorar y pedir por un sacerdote para confesarse porque “había hecho algo muy feo”.
La situación problemática terminó de estallar días después, el 28 de octubre, cuando su hija le relató entre llantos que el papá la había tocado en sus partes íntimas en dos oportunidades. Esperó que se fuera a la escuela y llamó a la policía. Radicó la denuncia y el caso recayó sobre la fiscalía de la Dra. Ana Laura Ruffini.
Esa misma noche, sobre las 20 horas, se ordenó la detención del hombre, pero al día siguiente a media mañana ya había recuperado su libertad. “Me sentía pésima, sentía que no tenía derechos para nada. Es como que me pegaban en la cara, que mi hija y yo no valemos nada. –relató la mujer, cuya identidad se reserva para evitar su re victimización.- Estoy muy enojada, me sentí discriminada por ser pobre y ser paraguaya.”
La mujer llegó a la Argentina hace 30 años y hace 8 que se juntó con esta persona, con quien contrajo matrimonio a los dos meses de nacer la única hija que tienen.
En la Justicia sintió la desprotección, una sensación que ya ha sido relatada por otras víctimas. Es que no tuvo contención ni ella ni la niña (cabe recordar que la Oficina de Atención a la Víctima aún no se creó), y pidió un abogado pero se lo negaron porque no hay dinero para que los pobres tengan derechos a querellar con representación legal.
La niña comenzó con síntomas como no querer ir a la escuela (recién ayer regresó a las aulas), no quiere ir al baño donde supuestamente ocurrió el abuso, se orina en la cama, dice que le duele, hace dibujos terribles para su edad y se puso irascible. Dos veces estuvo, cámara gesell mediante, frente a psicóloga y funcionarios judiciales. No quiso hablar. Sin embargo, mediante dibujos y escritura se expresó. La madre solo quiere que el hombre haga un tratamiento, que se cure, y que se las valore a ella y a su hija, que se las atienda y contenga en esta dificilísima situación que les toca vivir.