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De cómo se viola la Ley de Ejecución Penal

De las 64 personas privadas de su libertad en las alcaidías y comisarías del norte de La Pampa, 37 son condenados por la Justicia, lo que constituye una violación a la Ley de Ejecución Penal, que dice que deben estar en cárceles. Y 21 presos no tienen aún condena ni absolución, están a la espera de que el juez resuelva sus causas. ¿Cuánto tiempo suelen pasar sin saber si los van a declarar culpables o inocentes? Y solo 6 están procesados aguardando el juicio oral en las comisarías o alcaidías, allí en el lugar donde las leyes indican que deben estar.

Si se realiza una radiografía del perfil de la mayoría de los privados de la libertad, surge poca esperanza respecto a la lucha contra el delito. De información provista por la U.R. II, la mayoría tiene solo la escuela primaria alcanzada como nivel de instrucción, y varios ni siquiera ella. Ninguno manifestó tener trabajo fijo, la mayoría dijo vivir de “changas” y muchos están presos por delitos menores contra la propiedad. La mayor parte de los presos nacieron en la década del ’80 y solo dos son mayores de 60 años.

Si suele resultar difícil conseguir trabajo para los jóvenes, aún con secundario completo o estudios universitarios, y sin antecedentes policiales, ¿cómo puede llegar a insertarse laboralmente en la sociedad alguien que sale de la celda, sin estudios ni oficio ni profesión? ¿Para cuántos de ellos la única puerta que queda abierta tras recuperar la libertad es la del mundo del delito? ¿Extraña a alguien que casi siempre sean “los mismos” los que atrapa la policía? ¿Dónde está el estado que dice a través de las leyes que quienes delinquen son condenados a la cárcel para su resocialización y reinserción en la sociedad?

Es el mismo estado el que viola las leyes encerrando a los condenados en alcaidías y comisarías. Es el mismo estado el que viola el derecho del preso a estudiar, trabajar, tener visitas íntimas y lugar de esparcimiento. Además, son muchos los policías que en lugar de estar patrullando las calles preventivamente o realizando alguna otra tarea propia de su función, están cuidando los presos, sin siquiera tener la capacitación necesaria para hacerlo.