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El “Zorro” Ferreyra: “Buenos días señor, me permite el registro de conducir”

Juan Ferreyra, ingresó al municipio local en el año 1964, después de trabajar en el diario la Primera Hora en la sección de expedición. En un encuentro fortuito con el intendente de aquel entonces, Casimiro Villasala, se animó a pedirle trabajo. “Me dijo que tenía algo para mí y que lo vaya a ver al otro día. Ahí me ofreció ser inspector de tránsito, porque no tenía a nadie en ese momento trabajando en la calle”.

Juan Ferreyra nació en San Francisco, Córdoba el 8 de mayo de 1935 y llegó General Pico el 30 de agosto de 1958 con el cargo de Cabo Primero para incorporarse como suboficial en el viejo Cuartel de General Pico. Le dan de baja al poco tiempo por enfermedad. A partir de ahí ingresó en el diario Primera Hora como jefe de expedición. “Entraba a las cuatro de la mañana y me encargaba de los repartidores que eran todos chicos”.

A los pocos meses, llegó, Casimiro Villasala al diario. Cuando se retiraba en plena vereda, se animó a hablarle. “Ud. no tendría algún trabajito en la municipalidad para mí” fue el primer interrogante. “Me preguntó quién era y a que me dedicaba. Cuando le dije que había estado en el cuartel, me dijo que lo vaya a ver, porque tenía un trabajo lindo para mí”.

Desde ese entonces –año 1964-, comenzó a ser inspector de tránsito. “Le pedí el reglamento, el código de tránsito de Pico, la ley de tránsito nacional y comencé a trabajar”.

Juan Ferreyra, gesticula, habla, de pronto se pone de pie camina unos metros y toma el silbato que lo acompañó durante tantos años. Su esposa, Ida Nely Montauti, trae la gorra del traje de zorro gris. “Fíjate, está casi nueva”, dice, mientras menea la cabeza, y con un tono de nostalgia repite “cómo pasa el tiempo”.

Cuenta que en General Pico no había semáforos. “En esa época nos fijábamos si tenía el carnet de conducir, el paragolpes bien puesto y si las luces funcionaban”. Narra que al principio no hacía multas, pero si, cuando se lo detenía por tercera vez “y todo seguía igual”. Con respeto a las bicicletas “estas tenían que tener patente y luces, porque sino las secuestrábamos. La subíamos al camión y las llevábamos al corralón”.

Durante tres años trabajó como contratado. A los seis meses ingresó Martín Moralejo, como compañero de trabajo. “Éramos estrictos”, dice “porque antes la ciudad era más chica y la realidad diferente a la actual”.

Comentá que hacían controles en todos lados. “En la ruta, en las calles 10 y 24 y también en la Avenida San Martín. Nos respetaban mucho, pero también recibimos muchos insultos de aquellos que les hacíamos la boleta”.

Finalmente relata que una vez estaban junto a Moralejo en la Avenida San Martín, cerca de la actual Ruta 1. “Por ahí vemos que venía un vecino de apellido Monge y al volante el hijo que era un menor de edad. De pronto le salgo al cruce con el silbato y don Monge grita…La p…q…p, ustedes están en todos lados”.

Se ríe, recuerda con añoranzas aquellos años y asegura que volvería a elegir de nuevo el mismo trabajo. El “Zorro” Ferreyra, un personaje público que compartió la calle durante 33 años con vecinos de la ciudad. ¡Cuidado que en la otra cuadra están parando los zorros!…