“Minas” Elida Rodríguez Jara de Perna, viuda de Oscar Perna, un reconocido guitarrista y cantante uruguayo ya fallecido que fue secuestrado y torturado durante la Dictadura Militar en La Pampa, aún espera la decisión del Tribunal Oral Federal, pero está esperanzada. Pidió ser querellante en la causa Subzona 14 II , en la que militares, policías y civiles serán juzgados por su participación en la represión ilegal. La vida de Minas junto a la de su marido fue un canto de esperanza en medio de la barbarie. La música y los amigos fueron parte del elixir ante la enfermedad de quienes usaban el poder brutalmente y de quienes miraban al costado por miedo. La justicia sería otra parte del elixir que permite la vida ante tanta muerte.
Oscar Pernas fue una de las guitarras de Alfredo Zitarrosa, gestor con otros tantos jóvenes de un movimiento cultural y popular que cantaba por lo años ’60 y ’70 a una nueva sociedad más justa, solidaria, igualitaria. Era la expresión de un campo político y social que se rebelaba ante la injusticia, y que tenía como uno de los referentes más importantes al Che Guevara y a Pepe Mujica (hoy presidente de Uruguay).
Cuando llegó la Dictadura Militar a Uruguay, en el ’74, se exilió en Argentina junto a su mujer, “Minas” Elida Rodríguez Jara, paraguaya y también militante social. Llegó a General Pico, donde su hermana y su cuñado ya se habían instalado.
Y creyeron que aquí podían ser felices, lejos de la barbarie. Pero la dicha duró poco, en marzo del ’76, la historia de Uruguay se repetía en Argentina y los militares tomaban el poder.
En noviembre detuvieron ilegalmente a Oscar Pernas y lo torturaron hasta dejarle secuelas de por vida. Fue por orden de Baraldini, quien cuando lo liberó, se disculpó porque se había tratado de un error.
Durante treinta y un días Minas lo buscó desesperadamente, acompañada por amigos y conocidos que se jugaban la vida en esos momentos. Hasta que una monja (de quien nunca supo el nombre) la esperó en el parque del hospital Lucio Molas y le dijo donde estaba. Lo halló en estado deplorable en el pabellón de psiquiatría de ese nosocomio. Lo rescató, lo curó, lo cuidó con los remedios del alma y del cuerpo.
Volvió la democracia y fue la guitarra de innumerables peñas y encuentros, composiciones y hasta ediciones musicales y poéticas. Pero en el año 2000 sufrió un accidente cerebro vascular que los médicos atribuyeron a las secuelas de la tortura. Quedó hemipléjico.
Entonces, inventó un sistema para enseñar guitarra con una sola mano. Falleció el 23 de julio de 2007, muy pobre de bolsillo, pero inmensamente rico de dignidad, de luchas y de amigos. Su esposa aún vive en General Pico, con dificultades económicas y necesidad de justicia.
Es que la injusticia que durante los años de plomo se cometió contra Oscar y Minas está aún impune. La esperanza de quienes buscan un mundo mejor es que sea aceptada como querellante en la nueva causa que se abre este año contra militares, policías y civiles que cometieron atrocidades en nuestra provincia durante la Dictadura Militar.