La Lic. Liliana Ruso, de la Oficina de Rescate de Personas Víctimas de Trata de Personas disertó el jueves pasado en Médano ante medio centenar de personas a quienes impactó con el relato de sus experiencias y lo que ocurre en nuestro país. Operativos en talleres textiles clandestinos, en campos donde los peones viven en situación infrahumana o en prostíbulos a lo largo y ancho del país fueron vivenciados por la licenciada en psicología y socializados con los presentes. “Los comparo con los campos de concentración”, afirmó y mostró fotos que anclaron su discurso.
Ruso derribó varios mitos respecto a la trata de personas con fines sexuales. En general, ingresan al país por pasos legales, no siempre son raptadas, muchas veces son cooptadas con promesas de trabajo en casas de familia, pero también lo son para trabajar en la prostitución, no siempre quieren escapar, difícilmente se reconozcan como víctimas y suelen sentirse culpables y victimarias, no siempre se les quita el DNI, son rotadas constantemente de prostíbulo para evitar que se fortalezcan con sus pares y suelen tener “libertad” de movimiento.
Cuando no son raptadas, siempre son engañadas con promesas de mejora económica y “ablandadas, sometidas, doblegadas” luego. En general, cuando ingresan a un prostíbulo, lo primero que dicen las víctimas es que están por propia voluntad y que su patrón “es un divino”. Esta característica se da también en los talleres clandestinos y los campos. Su trabajo es lograr “romper” ese discurso y que las víctimas se reconozcan como tales y como sujeto de derecho. Es que psicológicamente fueron destruidas de manera tal que terminan naturalizando la situación de explotación laboral o sexual. Es decir lograr que tomen conciencia del abuso que sufren por su situación de vulnerabilidad y derribar el “supuesto consentimiento”.
Esto, además, está contemplado en la ley, por lo que inspectores y personal de policía no puede nunca basarse en el supuesto consentimiento de las personas para descartar la posibilidad de delito.
Una de las características comunes en las víctimas es la desconfianza hacia toda persona que la quiera ayudar. Es que fueron engañadas, en mayor o menor medida y sufren un agotamiento psicológico muy fuerte. Cuando una chica ingresa a la red de trata, pierde su identidad y es doblegada psicológicamente. Una de las formas en que se ejerce la coacción es la información que se tiene de la familia y las amenazas sobre ello, las deudas que les generan y aumentan a pesar del trabajo a destajo que puedan realizar, el involucrarlas en delitos como la venta de drogas, entre otras.
Las condiciones son terribles, no pueden elegir ni optar en nada y son bastardeadas constantemente. Sonia, una mujer que logró escapar de la red de trata y escribió el libro “Nadie nace para puta” relató que las nuevas en los prostíbulos del sur, y ese fue su caso, cuando llegaban al lugar, se cerraba y se invitaba a todos los clientes asiduos para que tengan “pases” con la “nueva”, es decir la sometían el primer día a las violaciones sistemáticas durante todo el tiempo en que haya hombres. Ruso remarcó en varias oportunidades que si hubiera hombres que buscan el placer en el abuso de poder que significan las relaciones en un prostíbulo, el negocio no existiría.
Y que si en la sociedad no existiera la tolerancia social que hay hacia las redes de trata, los medios de comunicación no naturalizaran la cosificación del cuerpo de la mujer y no existiera la discriminación hacia las mujeres, difícilmente se pudieran sostener las redes de trata de personas con fines sexuales.
También afirmó que si no existiera la falta de alternativas económicas en ciertas zonas del país que permiten el engaño, si la educación de calidad fuera para todas, si no existiera violencia doméstica y hasta falta de registro de nacimientos, sería más difícil la cooptación de las niñas y jovencitas para ejercer la prostitución.
Entre las víctimas de explotación sexual y laboral hay síntomas comunes: tuberculosis, dependencia de sustancias, baja autoestima, rabia, automutilaciones, intento de suicidios, pérdida de ubicación tempor espacial, aislamiento, soledad, rechazo hacia el resto de la gente; y en los casos de prostitución, una fuerte disociación entre lo físico y lo psicológico, una negación de los hechos padecidos y una despersonalización sobre lo que ocurre.
Argentina es hoy un país de origen, tránsito y destino de las redes de tratas de personas. No tiene aún mafias internacionales pesadas como la norteamericana, la rusa o la chechena, indicó Ruso. Sin embargo, es necesario una lucha mancomunada de todos los estamentos del estado y la sociedad para terminar con esta esclavitud del siglo XXI.