A los 9 años comenzó a aprender el oficio. Narra que iba a la escuela a la mañana y por la tarde trabajaba. Actualmente tiene 71 años. En el año 1962 se instaló en el que hoy sigue siendo su taller de Chapa y Pintura y que está ubicada en calle 17 entre 102 y 104, frente al Club Ferro de Pico, “cuando compré el terreno esto estaba lleno de tunas y de cañas”, recuerda. Ya no ejerce el oficio comercialmente. Hoy solamente lo hace por pasión, por el placer de saber que sus manos transformaron este viejo oficio en una artesanía.
Desde el año 1949, es decir hace 62 años, que está ejerciendo este oficio. “En aquel tiempo cuando podíamos caminar un poquito salíamos a buscar laburo. Antes había otras ganas de trabajar y de aprender, además había que ayudar a los viejos con unos pesitos a fin de mes”.
Toscán nació en Lincoln, provincia de Buenos Aires, pero desde pequeño tuvo que trasladarse a General Alvear, Mendoza, porque su madre sufría asma y tenían que buscar una vida donde había un clima más seco.
Llegó a General Pico en el año 1957, para trabajar en la Ford vieja. Allí trabajó un año y medio y lo hacía el “Gallo” Marchini que era el jefe. “Después lo hizo con los hermanos Gugliara, que tenían el taller en el Prado Español y posteriormente para Marchegiano, en la Avenida San Martín, casi llegando a la calle 7. “Ahí lo hice por poco tiempo, hasta que puse mi propio taller, un 17 de agosto de 1962”.
Cuenta que cuando comenzó a aprender el oficio, los primeros tres años, iba a ayudarle a los oficiales, alcanzaba las herramientas y barría el taller. Una vez que se mostraba interés por aprender el oficio, “te enseñaban a soldar, armar y desarmar. Además nos daban muchos consejos que creo supe aprovecharlos para la vida y que hoy en día se ha perdido”.
Enseguida agregó “hay algo más que se ha perdido que es el amor por el oficio, el orgullo y la satisfacción de que los trabajos quedaran bien. Ahora me parece que los chicos más jóvenes piensan más en el dinero que en el orgullo y el amor propio que teníamos antes”.
Formó su familia con Celia Fernández en el año 1967. Frente a las instalaciones del club Ferro de Pico, compró su terreno y a través de un crédito del Banco Industrial a pagar en cinco años pudo levantar el galpón que denota el paso del tiempo.
Cuenta que uno de los logros en esta extensa carrera, fue atender a los nietos de los que fueron sus primeros clientes. “Algo hemos sembrado con el correr del tiempo”.
Afirmó que este oficio se ha perdido con el paso del tiempo. “Nadie quiere aprender. Estoy de acuerdo que tiente que haber médicos, abogados, contadores, pero también jóvenes que se inclinen a aprender un oficio y lo hagan bien”.
Finalmente mostró la última joya en la cual trabajó: Un Ford T del año 1912. Comenzó el trabajo en mayo del año 2009 y lo finalizó en octubre del 2010. “Es de una persona amiga. Es una reliquia”. Lo muestra con orgullo. Sabe que ha sido un trabajo artesanal y así luce. Luis Angel Toscán, el chapista de Barrio Talleres, el que está frente a Ferro, el artesano, el que siente orgullo por su oficio, el que lucha para siga vivo y que sobre todo “lo hagan bien y con pasión”.