Comenzó a aprender el oficio a los 13 años. Cuenta que su primer profesor, fue Roberto Gil, zapatero reconocido en el medio piquense. “A los pocos meses me dijo que éste oficio era para mí”. Pasó por épocas malas y buenas. En la actualidad, la experiencia, los años y el reconocimiento de la gente le permite trabajar con tranquilidad junto a su hijo quién como él, comenzó a andar el camino de zapatero remendón.
Después de terminar los estudios primarios en la Escuela N° 111, de la cual vivía a pocas cuadras, llegó la pregunta formal de los padres de aquel entonces. ¿Qué va a hacer Ud.? ¿Va estudiar o va a trabajar? y cerraba el diálogo con la frase intimidatoria “mire que vagos en la casa no queremos»
Así, el “Ruso”, como lo llamaban sus amigos de la infancia, por recomendación de un tío cayó en la zapatería Gil ubicada en aquel entonces en calle 17 entre 18 y Avenida San Martín. Fue por el año 1970. “Un tío mío me recomienda a Roberto Gil, uno de los que me enseñó y a partir de ahí, si bien no conocía nada de zapatería, el oficio me encantó desde un primer momento que comencé a trabajar”.
Esta primera experiencia y un rápido aprendizaje le valió el reconocimiento del mismo Roberto Gil que a los pocos meses de trabajo le manifestó: “Rubén este oficio es para vos”.
En la actualidad su taller de zapatería está ubicada en calle 24 casi esquina 25, en pleno Barrio Este de la ciudad. “Siempre se aprende”, sostiene y comenta que la mujer es la que le permite ser creativo en su trabajo, porque cambia el taco, pone un cierre en una bota que no tenía, cambia el color del calzado. “La mujer es una inspiración total para el zapatero”.
Con respecto a sus primeros pasos y la familia Gil –cuenta-, que llegaron en el año 1907, con la idea de una fabricar calzado fino, “pero La Pampa era viento y tierra, por lo cual tuvieron que adaptarse al clima y de fabricar calzado fino, pasaron a hacer alpargatas y sandalias franciscanas. Como no se vendía mucho calzado comenzaron reparar zapatos”.
Sostuvo que la llegada de las zapatillas de marca revolucionó el mundo de la zapatería. “Produjo un gran cambio, porque no sabíamos cómo arreglarlas. Se comenzó a buscar variantes hasta que las terminamos pegando y cociendo. Esto provocó una llegada de clientes importantes e impensada para nosotros”.
Finalmente dijo que el trabajo que uno hace es la mejor propaganda. “Pero todo oficio para asentarse necesita de unos cuantos años, hasta que la gente te reconoce. La permanencia y la calidad del trabajo y definen el perfil de un buen zapatero”.