En pleno bicentenario del nacimiento de quien fuera el máximo exponente de nuestras figuras nacionales relacionadas a la educación (Domingo Faustino Sarmiento/ 15 de febrero de 1811) y analizando lo ocurrido, días atrás, en la ex unidad educativa nº 16; no hago más que pensar en aquella obra maestra de la literatura americana, que mas allá de su visión etnocéntrica de la época, considero que describe una realidad, que 166 años después pareciera repetirse: civilización y barbarie.
En esta obra sarmiento plantea la dicotomía entre el campo y la ciudad, la campiña y la urbe; viendo en esta ultima la única forma de organizar la “civis” de la mano del desarrollo de ideas progresistas que al estilo europeo pudieran concebir sociedades organizadas sociopolíticamente y centradas en el desarrollo industrial y fundamentalmente la educación. La campiña representaba la antítesis de sus ideales, con sus grandes distancias y sus condiciones naturales salvajes, que hacía que sus habitantes debieran adaptarse a la vida dura de la pampa; moldeando aquel personaje que representaba para sus ideales la barbarie: el gaucho. Este para sarmiento poseía valores que evidentemente no encajaban en su idea de civilización, tales como el desapego a las normas y a cualquier idea de autoridad, su reticencia a cualquier noción de organización sociopolítica que implicara la toma de responsabilidades para con terceros, la escasa valoración del esfuerzo y el trabajo como método de ascenso social, el agravio cuando no la fuerza como único medio de resolver conflictos, etc.. Según sarmiento el gaucho, de enorme peso histórico, sería socialmente superado por el progreso y quedaría como un representante de la nación primitiva y bárbara; mientras que el ciudadano del futuro sería un individuo civilizado, urbano, educado y trabajador.
Si tenemos en cuenta que aquel antiguo escenario ha cambiado rotundamente, ya que de una población rural que según el primer censo de 1869 rondaba el 70% hemos pasado a solo el 10%, mientras que de aquel paupérrimo 15% de alfabetismo hemos superado el 90%……..la pregunta que me desvela es ¿en que hemos fallado…como podemos explicar el desmedro social en que hemos caído? Es evidente que Sarmiento apostaba a que la educación pudiera imponer los valores que tanto deseaba en su nación, y en realidad así fue, ya que finalmente la educación masiva, publica y laica dio sus frutos amalgamando a hijos de gauchos, criollos e inmigrantes que finalmente llevaron al país a un lugar de privilegio cultural, y del cual hace décadas que venimos descendiendo. Sucede que el Estado fue, es y será el motor del desarrollo sociocultural; pero en nuestro caso hace décadas que los distintos gobiernos no han sabido interpretar correctamente este papel, conduciéndonos por un modelo de estado centrado en un capitalismo de amigos ,donde se privatizan las ganancias y se estatizan las perdidas, saliendo a palear la deuda social con un asistencialismo populoso, que lo único que ha logrado es marginar a generaciones completas de jóvenes que descreen en el esfuerzo y el trabajo como fuente de progreso social…un estado que en vez de impartir justicia, imparte impunidad para sus secuaces, transgrediendo las mas magnas instituciones de la república…un estado paranoico que ve cualquier crítica constructiva como agravio, respondiendo en consonancia…un estado garantista incapaz de cuidar a sus ciudadanos y educativamente inclusivo pero que en realidad termina por excluir al que se esmera por aprender. Es este modelo de estado el que ha desintegrado la sociedad, rompiendo la vieja armonía en valores lograda por la escuela sarmientina, produciendo consecuentemente una sociedad dividida entre aquellos que creen encontrar lo que el estado es incapaz de brindarles murallas adentro, en barrios privados; y el resto de la sociedad donde un sector –reducido por cierto- materializa todos aquellos valores que antaño desvelaban a aquel ilustre pensador sanjuanino. La escuela, una vez más, es la institución idónea para palear nuevamente esta dicotomía social, pero debemos dotarla de las herramientas y el prestigio necesario, con discursos cargados de ideas y no de disculpas después que suceden hechos previsibles; y sin olvidarnos que los pueblos que no aprenden de la historia están destinados al fracaso.
FORNERÓN DANIEL
DNI 16958597
PROFESOR DE GEOGRAFIA