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Santiago Covella: Los torturadores «Son los que están aquí», expresó, dirigiéndose a los acusados.

Santiago Covella, detenido en General Pico el 24 de marzo de 1976 y liberado el 28 de abril de 1977. Estuvo alojado en la Colonia Penal de Santa Rosa y trasladado a la Primera en dos oportunidades para ser interrogado. El primer interrogatorio duró unas 10 horas. El segundo, entre dos y tres días. Fue brutalmente picaneado en todo su cuerpo. «Era un festival de sadismo». El ex ministro del Gobierno provincial, contó que durante las sesiones de torturas fue asistido por médicos. Y expresó que los torturadores fueron los que están sentados en el banquillo de los acusados.

Explicó que en todavía carga con secuelas físicas y mentales hasta el día de la fecha. «Tengo aún pesadillas», sostuvo. Durante su cautiverio, manos anónimas acercaron a la Colonia Penal 4 una nota escrita en papel higiénico. Allí estaba la nómina de los torturadores. «Son los que están aquí», expresó, dirigiéndose a los acusados.

Expresó que le creó un trauma a su hijo. «Cuando volví a mi casa, mi hijo no me reconocía. Volví con 17 kilos menos. Estuve cuatro años tratando de restablecer la relación con mi hijo».

También dijo que apenas iniciado el proceso democrático, en 1983, en varias comisarías pampeanas se encontraron picanas.

Covella dijo que antes del golpe militar asistió a un grupo de diputados y sindicalistas pampeanos en un accidente de tránsito, mientras iban a Buenos Aires. Allí, entre sus pertenencias, había listas de «presuntos subversivos», entre los que se encontraba él mismo y alumnos de la UTN.

«Me preguntaban por los ‘chanchos’ de (José) Regazzoli, de (Jorge) Matzkin con los comunistas», dijo. «También sobre el vicegobernador (Rubén) Marín». Además, lo acusaban de la muerte de un sereno en el aeródromo de General Pico.

«Después de cada pregunta, venía una trompada con guantes de boxeo», sostuvo.

Fue, dijo, una serie de interrogatorios absurdos. «Llegaron a preguntarme si sabía si Estela Martínez le era infiel a Juan Domingo Perón con López Rega».

Dijo que era asistido por médicos durante las torturas. «Me tomaban la presión y el pulso», contó. Pero no pudo identificarlos.

Durante las sesiones de picana aseguró que lo obligaban a dar vivas a la Virgen María, conociendo su condición de protestante. «Yo no tenía problemas en decir ‘viva la Virgen María'».

Fuente: iTextual