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Una verdad incomoda

El paro docente anunciado por Utelpa para el martes 14 abarca numerosos reclamos, muchos de los cuales los encargados de la cartera educativa ya se han puesto a desvirtuar, aunque llamativamente no emiten opinión alguna sobre una verdad incomoda del día a día de nuestras aulas: la violencia.

Hace un tiempo atrás la escuela parecía transitar por un camino paralelo a la realidad social , ya que se bien siempre fue una caja de resonancia de esta última, en realidad contaba con un aura que la protegía de las desavenencias sociales en forma directa….es decir a través de las miradas de nuestros niños podíamos hacer un diagnostico de los problemas sociales, sin que estos nos golpeen las puertas a diario produciendo un maltrato y un permanente manoseo de la comunidad educativa que enciertas situaciones llega al límite del hartazgo.

Eran épocas en las que la escuela tenía un prestigio sustentado en su inclaudicable labor de formar ciudadanos conscientes de sus derechos, pero también de sus obligaciones; así también como el incuestionable apoyo otorgado por el estado y las familias.

Casi nada de esto encontramos hoy en una escuela que “trata de enseñar” mientras corre tras la quimera de la obligatoriedad escolar reteniendo a mansalva mediante concesiones absurdas, que lo único que hacen es castigar a quien aún ve en la escuela una de las pocas instituciones donde se puede aprender a interpretar este mundo cada vez más competitivo y del cual lamentablemente cada vez estamos más rezagado.

Lo más lamentable de todo esto es el papel inoperante del estado frente a estos temas, siendo en muchos casos hasta el propio motor de los problemas tales como las aulas superpobladas (recordemos que durante el análisis del proyecto de la nueva ley se dio porsentado la cantidad máxima de 25 alumnos por aula, pero en la ley promulgada malisiosamente este aspecto ha desaparecido), o la total indefensión legal de la figura del docente lo cual permite que sigan sucediendo agresiones hacia estos, las cuales en muchos casos son ocultadas tratando de dar una falsa imagen de tranquilidad (lo sucedido en la escuela 66 en julio del año pasado donde una docente abandona su cargo tras la agresión de un padre – y donde según murmullos de corrillo habría sucedido lo mismo con otro docente hace pocas semanas-; o lo acontecido en la escuela 111 donde un docente fue sumariado por colgar fotografías de sus alumnos en una de sus clases, tras la presión absurda de un grupo de padres).

Por otro lado la antigua práctica de llamar a los tutores para resolver los problemas actitudinales de los alumnos seguramente deberá replantearse luego de lo sucedido en la unidad educativa Nº 14, donde dos padres ofuscados terminaron destrozando la celaduríade la misma. Desde lo personal, luego de 20 años de transitar las aulas de la ciudad y donde los dedos de mis manos alcanzan para contar las inasistencias cometidas, debo reconocer que hay días en los que debo esforzarme para comenzar mi día de trabajo………..y eso para un docente es lamentable.

Fornerón Daniel
DNI 16958597
Profesor de geografía