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No fue indignación, fue dolor



Una escueta nota enviada a esta redacción, en la que su autora pidió reserva de su nombre, la misma  expresa su preocupación y dolor ante la situación que tuvo que vivir con su abuela en una de centro de salud privado de esta ciudad. “En qué momento nuestros  abuelos pasaron a ser un número más para el sistema mediocre medico. No es indignación lo que causó en mí tener que esperar junto a mi abuela 3 horas para que ella sea atendida… Fue dolor”.  

Más adelante expresa que “como la indiferencia de una enfermera puede más que la mirada de una abuela en pleno sufrimiento por un dolor inmenso…como el médico se repartía entre su teléfono celular y la atención de los pacientes”.

“Imagino que quienes estaban a cargo de la guardia ese día, pensaron que la gente asiste a hacer sociales, a enterarse de las dificultades que tiene el que esta al lado…. Es de no entender como en los tiempos que corren no logramos avanzar en estas cuestiones, como la salud privada esta siendo quedada en el olvido y solo es un negocio…un frío y triste negocio”.

Para finalizar manifestó que “ojalá pensemos si esto es lo queremos…, si estamos dispuestos a dejar valores de lado…A que la indiferencia  por el prójimo sea moneda corriente”.