Se trata del dentista local Pablo Enseñat, quien se mostró sumamente emocionado por la posibilidad de volar en el Jet L-29 “Delfín”, un avión de entrenamiento militar que fue una de las “vedetes” del pasado fin de semana. “Me dio el vuelo de mi vida”, aseguró el profesional, quien al ser consultado si repetiría la experiencia no dudo en responder: “Sí, mil veces”. Emocionado pidió “agradecer al Aeroclub, a todos los socios y a la Comisión Directiva por habernos regalado un espectáculo realmente sensacional y de primer nivel. También le quiero agradecer a mi familia por haberme dejado volar y aguantarme el capricho que tenía”.
“Yo dudaba en hacerlo, pero a mí me encantan los aviones, la aviación, desde chico que me gustan los festivales aéreos y volar. Veía pasar el avión y lo pensaba, lo pensaba y lo repensaba, y me terminé decidiendo que lo iba a hacer, porque era la única posibilidad que se me iba a dar acá en Pico, y probablemente en la vida no vuelva a tener la posibilidad de subirme a un avión de esta magnitud”, comentó Enseñat a infopico.com.
Aseguró que sus expectativas previas este vuelo “las superó. Cuando confirme que me iba a subir ya empezó el cosquilleo, la adrenalina, por todo lo que me venían contando de cómo era el vuelo. Fue impresionante, porque además no piloteó el que era el piloto oficial del avión, lo hizo otro piloto que hace acrobacias y me hizo un vuelo buenísimo. Me iba preguntando, porque nos comunicábamos en el aire, si quería una vuelo más alto, más bajo, más fuerte o más suave, fue a pedido mío, me dio el vuelo de mi vida, porque realmente fue un vuelo soñado el que tuve”.
Sobre las circunstancias de su vuelo relató que “arrancamos fuerte cuando salimos de pista, se elevó, giró e hizo un tonel, dio la vuelta entera y en un momento me encontraba cabeza abajo por Independiente, por esa zona. Terminamos de dar la vuelta, ahí hizo un giro rápido y empezó a encarar como para la pista, donde empieza a descender bastante pronunciado, se puso de costado e hicimos un vuelo rasante al costado de la pista, en todo eso uno va sintiendo la fuerza G, llegamos a 5 fuerzas G”.
En cuanto al impacto de la fuerza gravitacional comentó que “sentía como una presión en el pecho que me empujaba contra el asiento y que la cabeza iba para donde iba el avión, porque estábamos tan atados que lo único que se me movía eran la cabeza y los brazos”.
“Uno siente que el pecho se aprisiona contra el asiento, porque uno llega 5 veces a su peso y yo que no estoy tan liviano, me tuve que aguantar todo mi peso, 5 veces, sobre mí, es cansador. Yo hablaba con el piloto y me contaba que en los aviones en los que ellos hacen sus maniobras sienten la misma fuerza pero menos cantidad de tiempo, acá son más sostenidas las fuerzas G y uno que no está preparado es como que las pulsaciones levantan a mil”, agregó.
“Fue increíble, ver a toda la gente al costado, la pista, los aviones parados, otro avión al lado nuestro haciendo maniobras, fue soñado, realmente lo disfrute, por más que en algunos momento casi aflojo pero lo pude superar”, concluyó el dentista.