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2 de Mayo: Un piquense en el Hundimiento del Crucero General Belgrano

Relato de un piquense que salvó su vida en el Hundimiento del Crucero General Belgrano. “Como veterano de Malvinas, solo digo, HONOR a los que dieron sus vidas, no los olvidemos por favor”.

La nostalgia se apodera, en estas fechas en donde a uno le llegan  de una manera diferente al resto de los días del año.  Esto no significa que  uno se olvide de nuestro querido y glorioso Crucero General Belgrano, sino que se agolpan en la mente los sucesos. Ya que los que estuvimos ahí,  lo recordamos  de la misma manera. Con el orgullo de haber estado y pertenecido a la flota del queridísimo Crucero General Belgrano, con el inmenso DOLOR  que ello causa el saber de la perdida de amigos, como lo fue lo del querido “vasco” Alberto Amesgaray”.

Después los relatos de cada uno de nosotros, van a variar, aunque hayamos estado juntos durante el hundimiento del crucero. Cada uno lo vive con su intensidad, con su forma de ver las cosas, ahí y durante los años que fueron pasando hasta llegar desde el 2 de mayo de ese 1982 a este 2 de mayo de 2011 a 29 años.

En mi caso, recuerdo esos días previos, en donde uno que ya estaba habituado al mismo crucero. Veía que de esa paz que se vivía, normal, antes del 2 de abril, se transformó plenamente. Se apuraron las tareas de refacción del barco, mecánica, artillería, las otras, las de abastecerse de alimentos para largas jornadas, las feas, de cargar esas bolsas negras en donde se utilizarían para poner a los cuerpos de los infortunados, las de escribirles a los padres, a los seres queridos, diciéndoles que tengan calma, que el barco es inmenso, que es seguro, que estamos bien, pero, pero no alcanza a veces y ese no alcanza derivo en el siguiente relato.

Era un viernes 9 de abril, no recuerdo bien pero me parece las dos o tres de la tarde. Me cruzo con el “ Vasco “ Amesgaray, vestido de marinero pero con un bolso, me dice “me voy a pico, a ver a mis viejos y a mi novia, no me dan permiso, pero me voy igual sé que tengo que estar el lunes a formación” que era a las 7 de la mañana y se fue. Me quede ahí dando vueltas, me agarraron muchas ganas de irme, pero no me animaba.

Hasta que se me cruzo el jefe, el oficial guardiamarina Aguirre, le digo que teníamos ganas de irnos a ver a nuestros familiares. En un primer momento se negó, le dije que La Pampa estaba cerca, me miro y me dijo “La Pampa, gente muy buena los pampeanos… AUTORIZADOS”, no lo podía creer. Urgente me prepare todo, salí vestido como estaba. Llego a la salida de la base de puerto Belgrano y subo a un colectivo verde, todo verde, que iba de Punta Alta a Bahía Blanca. Yo pensando en el vasco que seguro ya estaba en Bahía, hasta que un chistido desde el fondo me sonó familiar, y quien era?, el vasco que todavía estaba ahí sin salir de la base.

Cuál era la diferencia de ir con permiso o sin permiso. Una era económica, ya que nos daban una planilla de descuento para los pasajes y la otra era tranquilizadora, puesto que en vez de llegar a formación a las 7 de la mañana. Cosa que para llegar teníamos que ir a Eduardo Castex a tomar un Tus. O tomábamos en Pico al Andesmar y podíamos quedarnos un poco más en casa y llegar a la base naval a la hora de llegada del colectivo. Entonces le dije al vasco nos dieron permiso.

Muy contentos llegamos a Bahía Blanca, tarde, el Andesmar se había ido, perdimos por empezar ese descuento. No quedaba otra  que volvernos pero el vasco tozudo decía a Pico me voy como sea. Averiguamos y encontramos un Tus que nos dejaba en Castex, ahí nomás nos subimos. Nos dejó después de la caminera de Castex, hicimos dedo. Nos trajo una camioneta y llegamos felices de ver a los nuestros. Me acuerdo que fuimos a misa y nos sentamos adelante. Sonó una sirena en plena misa de alguna ambulancia, nos asustamos un poco, estábamos como alertas, o no sé, pero nos miramos nada más. Hasta que salimos ese domingo a la base navas. A la una de la madrugada del lunes anterior a que zarpáramos el viernes 16 de abril rumbo a defender la Patria.

Perdón, por este relato, jamás lo había hecho, tenía ganas, me distes la oportunidad y lo hice. Después lo que sucedió está en la cronología, en mi caso, llegue a mi balsa. Nos tiramos al agua, la tratamos de abrir, les avisamos a los de arriba que no se habría. Nadamos hacia otra, se volvió a romper, hasta llegar a una tercera. Balsa que era para 20 personas y éramos 32 contando al segundo comandante del Barco, Pedro Luis Galassi, Carlos Oviedo y Carlos Waispeck (los tres ultimos pampeanos), entre el resto de los 32.

Nos rescataron luego de 38 hs más o menos, volvimos. Los que volvimos contamos la historia, la informamos, la vivimos, solamente, en HONOR a los 323 tripulantes del CRUCERO GENERAL BELGRANO que dieron sus VIDAS por nosotros y por toda la patria en defensa de nuestra bandera, y por todos aquellos que tanto en tierra como en el aire, supieron cubrirse de gloria dando sus vidas por nuestro suelo.

Lo otro, si haber llegado a donde se llegó, a llegar a una guerra, la parte política del tema, si estuvo bien o estuvo mal y todas esas conclusiones, queda para que la misma historia y DIOS la juzgue. Yo como veterano de Malvinas, solo digo, “HONOR a los que dieron sus vidas, no los olvidemos por favor”.

Abel Novillo