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Diario de viaje por el Ecuador (decimotercera entrega)



Pasamos la noche con el clan Santi, de una de las comunidades kichwa. Y luego partimos hacia la costa, 16 horas en un colectivo que nada tenía de cómodo. Llegamos a Puerto López, un pequeño pueblo pescador, con unos atardeceres increíbles. Y nos disponemos a conocer la cultura costeña.

Atardecer en Puerto López
Atardecer en Puerto López

Dejamos la Amazonia, con sus shamanes (aprendices de brujos), sus shayas (doctores buenos o brujos buenos), su ayahuasca y su floripondio (plantas alucinógenas), con su cosmovisión del mundo estrechamente conectada con una naturaleza indómita, con sus etnias y sus costumbres.

Paramos una noche en la casa de Julián Santi, un shaya, jefe del clan que pertenece a la comunidad de San Jacinto.

Tiene 12 hijos y todos viven en el clan, ya con sus propios hijos. Consecuencia: nos recibió un sinnúmero de niñitos que se nos pegaban a las piernas y nos jugaban.

En sus 10 ha. Julián vive con su mujer, sus hijos, sus nueras y sus numerosos nietos. El gobierno ecuatoriano los reconoce como grupo étnico y les da derechos diferentes.

Su clan se reúne con el resto de los clanes de la comunidad para resolver en asamblea. A las 6 de la mañana nos despertó la música fuerte y una voz que invitaba a la comunidad a reunirse a las 15 hs. en la salita comunal para tratar diversos temas.

Su organización está reconocida legalmente. Y es que en Ecuador, las organizaciones comunitarias son comunes en todos los aspectos de la vida.

Desde el turismo comunitario, el que más se encuentra, hasta las cooperativas de transporte y la administración de los recursos naturales turísticos a manos de comunas, parroquias y organizaciones sociales.

Antes que los conquistadores españoles, llegaron a la Amazonia los curas, Y eso se nota no solo en la gran religiosidad popular, sino hasta en los nombres.

Las localidades que por su escasa cantidad de habitantes no llegan a ciudades, se llaman parroquias.

Y los pueblos indígenas tienen un gran sincretismo en sus creencias religiosas. Practican el ritual de la ayahuasca, en el que tras ingerir la planta alucinógena, hacen una  “limpia” en nombre de sus dioses y de Jesús.

Tras la experiencia de convivir con el clan de Julián Santi, partimos hacia la costa. Para nosotros no es fácil el clima amazónico, con constantes lluvias y muchísima humedad.

Viajamos durante nueve horas, cruzamos la cordillera de los Andes, vimos paisajes increíbles y recalamos en la costa del Pacífico.

Viajar en micho es muy barato, un recorrido de cuatro horas de duración, cuesta 3,5 dólares y el viaje entre Puyo y Puerto López salió unos 12 dólares.

Es que el combustible es cuatro veces más barato que en Argentina. Y el transporte está íntegramente administrado por cooperativas. Eso sí, los buses no son nada cómodos.

Llegamos a Puerto López, un pueblito pesquero y vimos un atardecer increíble. Mañana comenzaremos a descubrirlo. Por hoy, nos vamos a dormir. Hasta mañana. 

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Muelle de Puerto López
Muelle de Puerto López

Pueblo pesquero
Pueblo pesquero


Julián entre las flores de floripondio
Julián entre las flores de floripondio

Algunos de los nietos de Julián
Algunos de los nietos de Julián

Julián preparando la ayahuasca
Julián preparando la ayahuasca