Dormimos en la selva, en una cabañita con una pared abierta, y mosquiteros que cubren toda la cama para evitar los insectos. Charlamos largamente con el hijo de un curaca (cacique), de las diferentes etnias que habitan la amazonia ecuatoriana, de la guerra del petróleo, de la incursión de la ETA (la organización vasca) en el conflicto y de otras historias. Y por supuesto no faltó la aventura.

Desde uno de los miradores
El primer lugar que visitamos fue la cascada Hola Vida y para llegar a ella, debimos recorrer senderos entre la espesa selva amazónica.
Allí todo es exuberante, voluptuoso y las plantas compiten por la luz del sol, y por vivir en ese lugar donde todo se renueva constamente.
El camino por momentos fangoso (hasta los tobillos teníamos arcilla) y por otros, un verde acolchado que nos hacía sentir que caminábamos por una mullida alfombra.
Todo es desconcertante: las extrañas formas de la flores, sus colores intensos, los hongos, de colores y formas diversas, las plantas parásitas que invaden las ramas de los árboles buscando sobrevivir….
Y el ruido constante de los animales, que no se dejan ver, pero que están entre el follaje. Todo es místico, y casi da paso obligatorio a culturas de chamanes y hierbas religiosas.
Luego fuimos a dos miradores y descubrimos que las casas de los lugareños tienen algunas particularidades: no todas las paredes están cerradas, los techos son de palma trenzada en troncos, están sobre pilotes y tienen grandes espacios en comunicación con el afuera (principalmente las cocinas).
Desde los miradores vimos el río Pastaza, que junto al río Napo dan origen al Amazonas que desemboca en el Atlántico luego de recorrer Brasil y recibir afluentes de los países limítrofes.
La vista es increíble. Y en el mirador Indi Churis hay una liana con un banquito de madera desde donde uno se puede hamacar al vacío. Y por supuesto, nos subimos.
Al lado hay un quincho con hamacas paraguayas, desde donde se tiene la vista desde arriba de la región surcada por el río Pastaza. Por supuesto, allí nos quedamos.
Y se nos hizo de noche, y ya los colectivos no pasaban. Decidimos quedarnos a dormir en la selva. Comimos juntos al dueño del complejo, un hijo de un curaca (cacique).
Nos contó de las comunidades aborígenes que existen en la Amazonia, una de las cuales no tiene contacto con la civilización y vive de la caza y la pesca.
También nos habló de las costumbres ancestrales que el estado va prohibiendo. Por ejemplo hasta el año ’98 no estaba penado por la ley matar a la mujer si se la encontraba con un hombre que no fuera su marido.
O terminar con la tradición de tener que entregar a una hija si un hombre de la tribu la requiere. Aunque no todo es tan terrible a nuestros ojos.
Los conocimientos ancestrales de medicina, sus artesanías, su vida en armonía y conjunción con la naturaleza…
Una de las comunidades, que tiene como jefa a una mujer, está con conflicto con el estado. Viven en la reserva de Yasumí, pero justo allí se halló petróleo.
El gobierno busca explotar el oro negro y desterrar a las comunidades. Y los aborígenes se están armando y para ello, reciben apoyo de la ETA (la organización etarra que busca la separación de España).
Y la charla se extendió con historias del lugar e intercambio cultural. Y nos vamos a dormir, en una cabañita sobre pilotes, sin luz eléctrica, con cuatro camas cubiertas por mosquitero, con una pared abierta y una vista de la región.
El sonido y las percepciones de la selva en la noche son casi místicos. Y nos acompañarán en nuestro sueño. Mañana volveremos a contarles las historias del día. Chau
Diario de viaje por Ecuador 1°Parte 2°Parte 3°Parte, 4ta entrega 5ta. entrega, 6ta. entrega, 7ma. entrega y 8va entrega

Mirando la región desde las hamacas paragüayas

Parque de uno de los miradores

Cueva donde se realiza el ritual de la ayahuasca

Casa de los lugareños


Interior de una casa
