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Viaje por el Ecuador (octava entrega)



Y nos adentramos a la selva amazónica. Llegamos a la casa de Patricio, un couch surfing que nos recibió junto a su familia. Una experiencia impresionante, llena de buenas ondas, hospitalidad y pocas comodidades (ni luz, ni agua), entre una vegetación voluptuosa y un ensordecedor sonido de animales escondidos entre el follaje. 

En la selva se encuentra todo tipo de flores extrañas
En la selva se encuentra todo tipo de flores extrañas

Tuvimos que caminar bastante para llegar a Finca la Argentina, donde teníamos hospedaje. Cuando llegamos solo había una jovencita y una niña en el lugar, bastante alejado de la ciudad. Nos indicó que siguiéramos un precario camino hasta las cabañas.

Y allí fuimos. Primera sorpresa: eran dos casitas de madera sobre pilotes con muchos agujeros entre las tablas y en el techo.

Al lado, un espacio con una mesita precaria, con partes sin paredes pero muchas inscripciones de viajeros.

A unos metros, un baño ecológico (un pozo con unas tablas arriba cubierto de lonas para mantener la intimidad). Nada más, pero al rato nos dimos cuenta que nada menos.

Al rato llegaron otros viajeros (tres de Argentina y dos de Perú) y Patricio y el resto de su familia. Y empezó a correr la hospitalidad como nunca habíamos visto.

No importó que no tuviéramos ni agua, ni nos pudiéramos bañar, ni existiera la luz eléctrica en las cabañitas donde dormimos.

La alegría del dar y recibir fue tan fuerte que no queríamos irnos del lugar. Cumplió los años Agostina, una de las argentinas.

Y entre todos lo festejamos. La familia preparó maito, una comida realmente exquisita. Entre todos limpiamos las grandes hojas de wuijao (una especie de palma) con las que se envuelve el pescado (tilapia) que solo es condimentado con sal.

Hicimos los atados y los pusimos alrededor de un gran fogón. El sabor que la planta le da al pescado es increíble. Nuestra nueva casa nos recibió con una gran comilona del lugar.

Tras ella, nos fuimos a nuestras cabañas, armamos otro fogón en el espacio en común y hasta tarde charlamos, contamos chistes, jugamos y nos divertimos junto al resto de los viajeros y el anfitrión.

Nos enteramos que el nombre del lugar lo pusieron unos alemanes nazis que habían comprado el terreno al estado (tras perder la Segunda Guerra Mundial) y habían estado en Argentina antes de recalar en Ecuador.

Luego le vendieron el lugar al abuelo de Patricio y allí la familia levantó su hogar. Y hogar es la palabra que corresponde para un lugar sin ninguna comodidad pero con mucho de calor humano.

Fui nuestra primera noche en Puyo, más bien en la casa de Patricio, levantada por su madre y sus hijos con mucho esfuerzo. Ya estamos en la selva amazónica, lugar de etnias (alguna de ellas aún sin contacto con la civilización), chamanes y de aventuras. Mañana les contaremos. 

(nota de redacción: el relato es de dos días atrás. Por una cuestión de organización, siempre va con un día de atraso, pero ayer no se pudo escribir porque pasamos la noche en la selva)

Diario de viaje por Ecuador 1°Parte 2°Parte 3°Parte, 4ta entrega 5ta. entrega6ta. entrega y 7ma. entrega

Una de las paredes del "comedor" donde nos hospedamos
Una de las paredes del "comedor" donde nos hospedamos

La cabaña donde nos hospedamos
La cabaña donde nos hospedamos

Patricio haciendo maito (pescado envuelto en una hoja de palma)
Patricio haciendo maito (pescado envuelto en una hoja de palma)

Finca la Argentina (cabaña de la familia que nos hospedó)
Finca la Argentina (cabaña de la familia que nos hospedó)

En el lugar, la vegetación compite por la luz y la vida es desbordante
En el lugar, la vegetación compite por la luz y la vida es desbordante