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Diario de viaje por Ecuador (séptima entrega)



Hoy fuimos a la Casita del Árbol, un lugar con una vista increíble, desde donde uno se puede hamacar sobre el vacío. Alguno de nosotros hizo rafting, otros baños termales y al final del día, el encuentro y los comentarios. Y como siempre, la fascinación de descubrir otra cultura.

La Casa del Árbol, el Tungurahua atrás, turistas adelante
La Casa del Árbol, el Tungurahua atrás, turistas adelante

La Casa de Árbol es un lugar mágico, desde donde la vista panorámica de volcanes, caseríos y sembrados se completa con la del volcán Tunguhuara. Allí todo es armonía y pareciera que el mundo se detuviera mágicamente.

Fue construida hace catorce años por un ex militar para seguir de cerca la actividad del volcán. Se transformó luego en un punto obligado para los turistas.

Además, de la Casa del Árbol, quienes aún no habían visitado, fueron a las aguas termales. Hay cuatro complejos con diferentes piletas y servicios, todos propiedad municipal.

El agua sale a la superficie a 55°C, pero se baja la temperatura a 40°C en la pileta de rehabilitación, 38°C en la de relajación y 44°C para situaciones especiales.

La relajación es total, sobre todo si se está en la pileta de 40°C y luego se pasa a la pileta de agua fría a nadar, y de allí a las reposeras desde donde se ve muy de cerca la cascada de la Virgen.

Las termas tienen una gran afluencia de turistas y ecuatorianos. Y son recomendadas como parte de rehabilitación de enfermedades y operaciones.

En Semana Santa es tradición que la gente de Ambato, a unos 18 km de distancia (entre montañas) haga penitencia caminando desde su poblado hasta Baños y pasen por la iglesia y las termas de “agua santa”. El viernes santo trabajan desde las 2 de la mañana a las 22 hs. de corrido.

Tras la relajación, que mejor que caminar por la ciudad y descubrir sus encantos. Entre ellos, las golosinas tradicionales de Baños: la melcocha y el dulce de guayaba

La melcocha se hace con la miel de caña de azúcar, que es marrón oscura y se convierte en un color clarito a fuerza de golpearla contra una superficie.

Esta actividad la realizan en muchos de los puestitos de dulces, a la vista de los turistas, a quienes invitan a probarla. Claro que no todos lo hacen, nuestras costumbres de asepsia ponen reparos.

El clima en Quito y en Baños es muy inestable, puede haber un sol radiante y a los minutos nublarse y comenzar a llover. Puede cambiar de frío a calor o viceversa en menos de una hora.

Para los turistas es una complicación, ya que hay que salir con variedad de ropas y piloto, todos los días, aunque haya amanecido un cielo despejado.

Para los lugareños no, siempre llevan ropa como si fueran una cebolla, de capas que se ponen o sacan de acuerdo a los caprichos del tiempo.

Una de las cosas que más nos llamó la atención es la organización comunitaria de la sociedad. El transporte público está organizado en cooperativas, y no podían entender que en Argentina fueran propiedad de una persona o sociedad.

Al mediodía fuimos a comer al mercado municipal, que al igual que en varias partes del Perú, es un espacio donde se come muy barato, donde hay pequeños puestitos con comidas típicas.

Los platos son muy sustanciosos, con productos del lugar y alrededores. Y en Ecuador decir eso, significa hablar de carnes, chanchos y pescados, como de hablar de una variedad muy grande de frutas y verduras. Desde 1,5 dólares a 3,5 dólares es lo que gastamos según lo elegido.

Uno de los primeros días en que llegamos, probamos en una verdulería unas ocho frutas desconocidas para nosotros. El verdulero, muy amable, nos permitió saborear todo lo raro. Claro que luego le compramos unos cuatro kilos de frutas por 5 dólares.

La gran mayoría de la producción hortícola y frutícola es orgánica. Y eso se nota, pues el olor y el sabor de las bananas (de las que hay gran variedad), las frutillas, los kiwis, los ananás, las cerezas y los frutos del lugar, son incríbles. 

Los precios son muy convenientes para los argentinos. Como en todas partes, hay servicios para un turismo selecto.Pero para los gasoleros, mochileros y demás viajeros que andan por el mundo con el peso justo, es un lugar ideal.

Se consiguen hosteles desde 6 dólares la noche, y como tienen su espacio para preparar la comida, juntarse y compartir, permite evitar ir a un restaurant y gastar.

El transporte público es baratísimo. Un viaje de cuatro horas de duración (entre Quito y Baños) nos costó 3,5 dólares y el transporte urbano va de los 0,25 dólares a los 0,50 dólares según la distancia.

Volvemos a la crónica, hoy fue un día donde volvimos a impresionarnos con las bondades de la naturaleza. Y fue un día en que conversamos con los lugareños, conocimos en parte su forma de vivir.

Y también fue un día en que, como los seis que ya pasamos en Ecuador, compartimos con otros turistas un sinfín de actividades, entre ellas comer.

Es que el turismo de jóvenes, muchas veces solos o en grupo, que recorren el mundo, encontrándose en hosteles y otros espacios en común, es muy popular en Ecuador.

Nos vamos a comer con unas chicas argentinas, alguna irá a bailar, el resto a dormir. Mañana nos quedaremos solo hasta el mediodía en Baños, y partiremos al Puyo, en la selva amazónica. Y les contaremos. Chau.

Diario de viaje por Ecuador 1°Parte 2°Parte 3°Parte, 4ta entrega 5ta. entrega y 6ta. entrega

Hamacándonos en la Casita del Arbol
Hamacándonos en la Casita del Arbol

El Tunguarhua al fondo, abajo los invernaderos donde se cultiva
El Tunguarhua al fondo, abajo los invernaderos donde se cultiva

Preparando la caña de azúcar para hacer jugo y melcocha
Preparando la caña de azúcar para hacer jugo y melcocha

Mercado municipal
Mercado municipal

Las termas al pie de la cascada
Las termas al pie de la cascada

Lugareño haciendo melcocha
Lugareño haciendo melcocha