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Diario de viaje por Ecuador (tercera parte)



Hoy visitamos la feria de Otavalo, una de las más impactantes y grandes de América Latina. El palpitar de la cultura indígena, española y negra, con sus cruzamientos, se vive a cada paso. Y luego a las cascadas de Peluge, un lugar muy mágico inundado de luciérnagas, con un puente colgante y caminos entre frondosa vegetación.

Feria de Otavalo
Feria de Otavalo

Tejidos, pinturas, ropa, artesanías en madera y cuero, joyas, comidas típicas… todo se despliega por las calles y plazas de Otavalo.

Los hombres con sus trenzas bajo sombrero, las mujeres con sus ropas típicas compuesta por camisa blanca llena de bordados y pollera negra, los miles de turistas… todo converge en el regateo que se da en cada puesto, antes de concretar alguna venta.

Ya el viaje hasta Otavalo, una ciudad a cien km al norte de Quito, es un despliegue de montañas, valles, lagunas, sembradíos y ríos, que enamora.

Y llegar a la feria deslumbra. Se escucha hablar en varios idiomas diferentes, pues es un lugar turístico tradicional de Ecuador y los extranjeros pululan por entre los puestos.

Las vendedoras y vendedores hablan entre ellos en quechua, y cambian al español cuando de atender clientes se trata.

Además se venden productos de la tierra y, nos contaron, a la mañana temprano la feria empieza con el intercambio de animales.

Los puestos de comida completan el paisaje. Quisimos probar algún plato exótico y elegimos los caracoles en una salsita de cebolla de verdeo y limón.

 Son riquísimos, aunque nos dejó con hambre. Tuvimos que completar el menú con horneada, una comida que prepara al aire libre con chancho, legumbres, papas, salsa y ensalada.

De la feria nos fuimos con unos muchachos colombianos hasta las cascadas de Peluge. El lugar es encantador, con un extenso camino de piedras escoltadas por gigantescos árboles que parecían no tener fin.

Tras una larga caminata llegamos al puente desde donde se ven las cascadas, pero los chicos conocedores del lugar nos mostraron otro camino que termina en una cueva pequeña.

Entramos en cuatro patas y gateamos tanteando las paredes porque no hay nada de luz hasta que se llega a una bifurcación y se sale a una cueva que termina detrás de una de las cascadas.

El lugar es fascinante, pero debimos sacarnos las zapatillas y caminar entre las heladas aguas. Uno de los colombianos se ofreció a tener la cámara de fotos pero con tanta mala suerte que se le cayó al río.

Quien escribe estos relatos se tiró a rescatar las fotos que se iban en ese estuche arrastrado por la corriente de agua. Y logró rescatarla y rescatar las imágenes que se habían tomado. Pero claro, quedó entumecida por el frío hasta las 23 hs. que regresamos a Quito.

A bañarse, tomar una sopa bien caliente y volver a recuperar la temperatura corporal normal. Mañana recorreremos algún otro lugar y les contaremos. 

 

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Cascadas de Peguche
Cascadas de Peguche

Árboles del parque de las cascadas
Árboles del parque de las cascadas

Feria de Otavalo
Feria de Otavalo

Parque de las cascadas de Peguche
Parque de las cascadas de Peguche

Tapices en la feria de Otavalo
Tapices en la feria de Otavalo

Un descanso en medio de las ventas
Un descanso en medio de las ventas