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Diario de viaje por el Ecuador (segunda parte)



Programa del primer día amanecidos en Quito: subir al teleférico y ver desde sus miradores a la ciudad y las cadenas de volcanes que la rodean, hacer cumbre en el volcán Rucupichincha (cerca de 4800 mts. de altura), ir al Centro Histórico y por la noche salir a la calle de La Ronda con Daniel (el hijo de los dueños de la casa donde nos hospedamos) y sus amigas. Pero no todo salió como esperábamos.

Quito encerrada entre volcanes, desde el camino hacia el volcán
Quito encerrada entre volcanes, desde el camino hacia el volcán

Es que no hacía 24 horas que estábamos en Ecuador que se nos ocurrió escalar un volcán de casi 4800 metros de altura. Y sin la ropa de abrigo adecuada, ni protector solar, ni agua suficiente. Aún no entendemos como nos pasó, porque no es la primera vez que emprendemos este tipo de empresas. Pero pasó y nos jugó una mala pasada.

Los paisajes son increíbles desde esas alturas, sin duda, con los volcanes rodeando a la capital de Ecuador. El camino es de dificultad suave, está bien señalizado y no se preveían situaciones adversas.

Pero el frío no nos permitió llegar a la cumbre, faltaron pocos metros según nos dijeron después. Cuando las manos comenzaron a ponerse moradas (y no habíamos llevado guantes), decidimos regresar.

En el camino nos habíamos encontrado con turistas de diversas partes del mundo, con plantas medicinales, flores que surgen en medio de la roca y lamentablemente, un incendio forestal en una montaña aledaña, que insumió el trabajo de helicópteros hidrantes durante toda la jornada.

Nos hicimos amigas de una argentina con quien tenemos mucho en común, nacida en Quito, de padres auto exiliados y prometimos volver a encontrarnos. Compartimos caminos y charlas con colombianos, bolivianos y los pocos europeos que a duras penas podían hacerse entender.

Bajamos de la montaña y no nos quedó otra opción que comer algo y regresar a la casa donde nos hospedan para reponernos de los síntomas de la altura (nada gratos por cierto) y poder salir a la noche. El recorrido por el Centro Histórico quedará para otro día.

Por la noche, junto a Daniel y dos amigas, recorrimos la calle de La Ronda, un zona de la ciudad de edificaciones coloniales, donde detrás de cada puerta que da a la calle, se abre un mundo diferente de sabores, música y baile.

La compañía fue muy grata, las amigas de Daniel son viajeras por opción y recorrieron parte del mundo. Además, una de ellas resultó ser una excelente guía de turismo improvisada, pues recorrimos el Centro Histórico sobre la medianoche acompañada del relato de los mitos urbanos del lugar.

Nos mostró el edificio cuyos dinteles son ángeles, en el que uno de ellos, el que está frente a la puerta de la iglesia de la vereda de enfrente, tiene el órgano sexual explícito y apuntándola. Habría sido un albañil que se vengó de los curas que lo habían echado del lugar.

O como esa inmensa iglesia a la que le falta un ladrillo en una de sus torres. Cuenta la leyenda que el constructor no llegaba con los plazos de obra y por ello hizo un pacto con el diablo. Cuando terminara la iglesia, le entregaría la vida. Por eso nunca colocó el último ladrillo.

Y los relatos continuaron y las charlas derivaron en otros temas y debates y se nos hizo las 2 de la madrugada, una hora insólita para una ciudad donde a las 21 hs. todo el mundo ya está presto a dormir.

Bueno, eso vamos a hacer nosotros, irnos a dormir. Mañana nos espera un viaje a Otavalo, la feria indoamericana más grande del mundo, recorrer las cascadas de Peluge y la visita a la Mitad del Mundo. Hasta mañana.

 

Diario de viaje por Ecuador 1°Parte 2°Parte 3°Parte

Entrada de la calle La Ronda
Entrada de la calle La Ronda



Calle La Ronda
Calle La Ronda

Sacando fotos a la iglesia sin un ladrillo en una de sus torres
Sacando fotos a la iglesia sin un ladrillo en una de sus torres