El encuentro de Orquestas Infanto Juveniles que se realizó anoche provocó en los presentes las sensaciones más placenteras. La música fluyó de una manera maravillosa en manos de esos pequeños y pequeñas, dirigidos por profes que aman lo que hacen y producen magia con los sonidos. Sin duda, cuando los chicos tienen oportunidades, crean y disfrutan.
El desafío no era fácil, casi 300 niños, niñas y adolescentes reunidos para tocar en orquestas. Había que hacer silencio, bajar las ansiedades de toda presentación, soportar a los hermanitos menores que fueron a verlos y no dejaron de hacer bullicio, estar atentos para toca justo esa nota justo cuando corresponde.
Cada orquesta mostró lo suyo, bajo las características de cada director y directora. Ellos pusieron su sello personal y se podía escuchar sin ver, que no era difícil adivinar qué grupo estaba actuando. Pero el cierre, con todos juntos tocando armónicamente, cinco canciones dirigidas por cada uno de los directores, provocó el clima mágico que pocas veces se da.
Y si se conocen historias de los pibes y pibas de las orquestas, sus ansias por aprender, su cuidado con los instrumentos, sus sacrificios para llegar… y si se conocen vivencias de los profesores, las sensaciones aumentan. Muchos de los pequeños músicos no tienen un vida cómoda, pero en los sonidos y en la experiencia grupal, todo se transforma.