A través de este medio quiero dirigirme a la comunidad honesta y trabajadora de General Pico. Pretendo aportar con todos ustedes una reflexión, para que esta porción de la población, recupere la posibilidad de vivir con la seguridad y dignidad que hemos disfrutado tanto tiempo los píquense.
Es cierto que hemos tenido etapas oscuras y de injusticias en nuestro bendito país; una de ellas y bien presente, la que comenzó el 24 de Marzo de 1976.
¡Qué coincidencia! Ese mismo día, pero de este año y estando en democracia, para nuestra familia también fue triste y oscuro.
Sufrimos con mi familia, como es de público conocimiento, el cuarto robo en nuestro domicilio particular, con grandes pérdidas económicas y sobre todo afectivas. Tuvimos el rápido accionar de la policía y de la justicia, individualizando en menos de 48 horas a los autores del hecho. Pero claro, todos eran menores de edad, aceptaron el hecho de haber entrado en nuestra casa y no estuvieron más de una hora en la comisaria, efectuando declaraciones. ¡Claro son menores! por lo tanto inimputables y protegidos por la ley. Mientras tanto, siguen desaparecidas las cosas importantes que fueron sustraídas.
Nos preguntamos ¿Cuál es la novedad?
Precisamente, éste es el punto; nos estamos acostumbrados a que sea algo normal, también en nuestra ciudad. Este es un grave error.
Ya en antiguas civilizaciones tenían estructurado códigos de ética y justicia para mantener ciertas normas de convivencias, pero observamos y comprobamos que nuestra civilización avanza científicamente, tecnológicamente, pero involuciona moralmente, solo basta ver las noticias de violencia y asesinatos de todos los días.
Claro, ustedes dirán que nosotros no podemos arreglar este mundo…
Por supuesto que no, pero sí podemos mejorar nuestra calidad de vida en esta comunidad tan pequeña, con muy poca cantidad de habitantes. A pesar de que la provincia de La Pampa no pasamos del medio millón de habitantes, ya tenemos una alta tasa de delitos, como en las grandes urbes, las cuales solo alimentan la noticia.
¡Qué milagro!… la globalización también llegó a La Pampa, pero de… la MALA… la de los robos, asesinatos, violencia. Lo bueno se nos va disgregando cada vez más.
Desde muy joven me desvelaba, por tener una sociedad más equitativa, justa y equilibrada. Dónde quedaron esos ideales y utopías de esas locas generaciones del pasado, de los cuales muchos pagaron con sus vidas, desaparecidos por el terrorismo de estado.
En esa época muy poca organizaciones o letrados salían a defender a nuestros desaparecidos; ¡claro! no daba prestigio, ni votos.
Ahora las leyes se aplican para estas nuevas generaciones, corrompidas por las drogas y el accionar delictivo, sin ideales, sin utopías.
La clase media es casi la principal víctima de esta nueva estructura de sociedad, pues además de soportar el agobio de altos impuestos y a veces incautación de ahorros (como fue el corralito) tiene que soportar a estas bandas delictivas o rateros individuales sin poder tener un estado legal que nos proteja.
Toda sociedad debe poner un límite; de nosotros depende. Es como una enfermedad, si un sujeto tiene un microbio en su cuerpo y no se le da el medicamento adecuado, puede morir por esa infección.
Nuestra sociedad está enferma y si no hacemos algo entre todos, nos puede costar nuestras vidas y la de nuestros seres queridos.
Por eso llamo a la reflexión, al despertar, para que exijamos a nuestros representantes políticos que busquen las herramientas o remedio adecuado, usando el estado de derecho que nos costó mucho volver a conseguirlo.
DR. CARLOS ZAMORA