Con afecto y gratitud mujeres y hombres se pararon al lado del doctor Eduardo Marquesoni y, mirando al público, dijeron, repitieron, remarcaron: “El me salvó la vida”. De los abrazos a las lágrimas, de las anécdotas a los chistes, el repertorio de gestos fue extenso y variado en todos los pacientes, ex -pacientes y familiares de pacientes que, uno a uno, dejaron sus asientos y pasaron al frente para ubicarse junto a la mesa que el médico compartió este mediodía en el auditorio del “Centeno” con la fundadoda del Banco de Sangre, Norma Urrea de Spinozzi.

A él se lo percibía contenido, emocionado, en una sucesión o ráfaga de recuerdos que lo recorrían mientras trataba de mantenerse en silencio mientras esas personas lo elogiaban tanto como a él no le gusta escuchar, pero a quienes muy respetuosamente escuchó expresarse tal como cada una sentía y quería en ese momento.
“Él me salvó la vida” fue la frase que fue calando en el ánimo cada vez más sensible de amigos, familiares, enfermeras, médicos, administrativos y funcionarios que participaron del merecido homenaje.
Si a punto de cumplir los 70 (como él mismo contó) esta es parte de su valiosa cosecha, no hace falta nada más para imaginar cuál fue su siembra. Los testimonios de quienes fueron atendidos y cuidados por el doctor Eduardo Marquesoni y su equipo de colaboradores no sólo remarcaron su excelencia profesional sino que, de fundamental importancia, hablaron con voz fuerte y clara de su honestidad y generosidad personal.






