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Si no se conociera la historia, daría risa



Que la gente aplauda en pleno siglo XXI la llegada de un tren de pasajeros que circula a 50 km/h o que tarda 17 horas en recorrer un trayecto que podría hacer en 5 horas, parecería una cargada de mal gusto si no se conociera la historia de traición, de despojo y de lucha por tren en nuestro país.


Las contradicciones de nuestra sociedad: tenemos la más alta tecnología satelital del mundo  para sembrar los campos, pero nos esperanzamos y aplaudimos el regreso de un tren que poco tiene de moderno.

Son las mismas contradicciones de una sociedad en que el mercado durante muchos años definió los destinos de todos. Y entonces, cuando se pone más confianza en los hombres de empresas que en la política, no es extraño que el campo se tecnifique en su máxima expresión y el transporte para los sectores más desfavorecidos desaparezca.

Y es muy bueno que haya tecnología en la producción, pero también es necesario que exista para satisfacer las necesidades, en este caso de transporte, de un sector muy amplio de la población que no tiene recursos como para viajar en auto propio, avión o colectivo.

Claro que esta política en auge durante la década de los ’90 de dejar en manos del mercado parte de los destinos de todos, empezó a sentir cimbronazos tras la crisis de 2001. Algunos fuertes que hicieron caer estructuras, otros más suaves y otros cuyo efecto aún no se sintió.

Hubo idas y venidas. Hubo una década menemista en que se remataron las “joyas de la abuela”, es decir los bienes del estado atesorados durante décadas por el trabajo de los argentinos. Hubo gremialistas traidores a sus trabajadores, políticos traidores al bienestar de las mayorías, periodistas vendidos o convencidos de la supremacía del mercado y el Primer Mundo sobre nuestra nación… y sobre todo hubo empresarios que hicieron, siguieron haciendo sus grandes negocios a costa del estado.

El tren de pasajeros dejó de correr en La Pampa, a pesar de las luchas de las bases del gremio La Fraternidad, que a nivel nacional pactaba con el menemismo y permitía la devastación del sistema ferroviario.

Llegó el nuevo siglo, la crisis de diciembre de 2001 que dejó más de 30 muertos y un cambio de rumbo. Pero como suele ocurrir en cualquier devenir, el camino tiene más zigzag laberínticos que carteles indicadores claros.

Llegó Néstor Kichner en diciembre de 2003 a General Pico con una gran comitiva oficial y en el salón de la planta alta del Municipio expuso el programa para cumplir un punto de su plataforma electoral que era la vuelta del tren de pasajeros al interior del país. En marzo de 2004 estaríamos festejando que todos íbamos a poder viajar en el querido tren.

Quedó en el olvido. Y mientras tanto, se fue cartelizando el servicio de colectivos a Buenos Aires, impidiendo la competencia, y con grandes relaciones con el poder político.

El tren quedó en la lucha de sindicatos como La Fraternidad u organizaciones como Trenes de La Pampa. Y en la memoria nostalgiosa de los piquenses.

Hace seis años se conformó el Consorcio Pacífico Unión con varios intendentes a la cabeza. Arduas gestiones fue el destino de esos visionarios.Y un resultado bastante magro: desde hace tres años, regresó el tren de pasajeros a Realicó, con una frecuencia se un viaje semanal y un trayecto de 14 horas.

Es lo que lograron esos pequeños al lado de la fuerza de los empresarios cartelizados de los micros de larga distancia. Y en diez días arribará a General Pico. Y quizá en unos seis meses, llegará hasta General Alvear. Es lo que pudieron lograr, no lo quieren… pero solo caminando se llega a destino.

Y en esta historia se mete no solo cuestiones de política macro, sino de mezquindades de internas partidarias que dan vergüenza. Funcionarios municiapales de diferentes líneas del peronismo se desangran por quedarse con el crédito del regreso del tren.

El viceintendente José Osmar García sale con los tapones de punta contra Corpico, que tuvo la osadía de reunirse con Facundo Sola y dar a conocer el proyecto del tren urbano para unir barrios de la ciudad. Y dice que es un proyecto que estaba en la plataforma de gobierno y en el que están trabajando desde hace siete años.

El secretario de Desarrollo Social de la Municipalidad, Daniel López, hace chistes de mal gusto diciendo que “algún otro organismo, alguno que tiene intenciones políticas con piel de cooperativismo llama a un intendente de otra localidad, llama a conferencia de prensa y anuncia que hace” cualquier iniciativa del municipio piquense, en referencia al proyecto del tren urbano.

El tren de pasajeros arriba a General Pico y el intendente Juan José Rainone se entera minutos antes… y las chicanas se multiplican. Y desde afuera casi que dan risa: pelearse por los créditos de un tren que tarde 17 horas en recorrer lo que podría hacer en 5 horas y que, como en el caso del tramo Catriló Santa Rosa avanza a tan solo 50 km/h.

Si no se conocería la historia de lo que fueron y son los trenes de pasajeros para nuestra zona, parecería solo un chiste.