
Los pacientes con cáncer reciben quimioterapia en salas de internación comunes, con todo el riesgo que eso conlleva y a veces recién cuando se desocupa alguna. Además, dos servicios diferentes, Medicina Transfusional e Inmunohematología funcionan juntos y en espacios reducidísimos. Hace 4 años que se jubiló el jefe del área Dr. Marquesoni, y aún no fue reemplazado. No hay espacios privados para atender a los pacientes ni mobiliario indispensable.
“Hay ya una resolución de agrandar el servicio de Hematología, pero son cuestiones que llevan dos o tres años hasta que se concretan. Nosotros estamos trabajando muy incómodos, si engordamos un kilo más cada uno no entramos en el servicio”, ironizó Eduardo Marquesoni sobre las condiciones edilicias en que funciona.
Pacientes oncológicos habían relatado en Radio Libre que los mandaban a recibir la práctica de medicina de quimioterapia a sala de internación común, y que en varias oportunidades debieron esperar hasta tres días a que se desocupara alguna.
Consultado, Marquesoni reconoció la situación. “Hemos tenido esos inconvenientes que son muy serios, porque los ciclos de quimioterapia no son caprichosos, sino que están determinados así porque van matando las células malignas”, y hasta agregó que han “hecho medicaciones de quimioterapia en pacientes sentados en una silla, porque los dos sillones están para trasplantes de medicina transfusional, en Onohemoterapia no tenemos sillones”.
Explicó que una especialidad es Medicina Transfusional y otra es Inmunohematología. “Tienen que estar separados y con dos jefaturas diferentes, como es en el hospital Lucio Molas en Santa Rosa”, indicó.
Y aclaró que mientras que Medicina Transfusional cuenta con dos sillones para atender pacientes, entregados por el gobierno nacional a través del Plan Nacional de Sangre, Inmunohematología no tiene el mobiliario necesario para trabajar.
En un tiempo la sala de medicación se compartía con la de trasfusión, y se buscaba realizar las prácticas en contraturno, aunque resultaba complicado, sobre todo por la necesidad de contar con un médico presente en cada práctica.
Otro problema es que el Dr. Marquesoni no puede firmar las órdenes de quimioterapia a los pacientes porque está jubilado, por lo que las firma su hijo, Nicolás Marquesoni, especialista en Medicina Transfusional. “Es una aberración porque son dos especialidades distintas, pero no me dejan firmar a mí, y en estas condiciones, deberían dejarme hacerlo”, opinó el médico consultor.
No hay lugar para atender a los pacientes en forma privada, los especialistas no tienen consultorio propio y los enfermos de cáncer deben hablar sus cuestiones delante de extraños, a menos que algún profesional consiga que le presten una sala desocupada para atender.
No tienen sala de medicación, no tienen consultorios con la privacidad necesaria, no tienen los dos servicios separados, no tienen jefe hematólogo y los espacios para trabajar son muy reducidos.
A pesar de la grave situación, la pasión, el trabajo y el tesón con que realizan sus tareas de los trabajadores de la salud de los servicios, han generado buenos resultados a nivel medicina y el reconocimiento profesional en el ámbito de la Salud. Sin embargo, las falencias son graves y su solución, urgente.