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Caso Ragonese: los testimonios de la violencia machista



Durante el debate oral y público de hoy pasaron tres testimonios y un informe pericial psicológico que fueron desgranando en situaciones cotidianas cómo el machismo aflora en las relaciones humanas y las transforma en un infierno. El aislamiento, los celos, las promesas de cambio, la relación de pareja indiscriminada, la violencia en sus múltiples formas, amenazas, miedo, mentiras, manipulación, la repetición de la historia… se vieron reflejados en la audiencia.


LA LICENCIADA EN PSICOLOGÍA

La primera testigo fue la Lic. en Psicología María Virginia Carretero, quien entrevistó durante noviembre y diciembre del año pasaod en Oficina Forense a Romina Ragonese. Entre los observaciones que realizó, afirmó que la joven ha construido su subjetividad personal en función de ser objeto de otros, sin sentirse protagonista de su propia historia y sin saber cómo le ocurrían las cosas.

Entre los hechos importantes de su vida, la apuñalada a su pareja que terminó con su vida, es uno de los tantas situaciones que no recuerda. “Llama la atención el carácter incomprensible para ella misma del hecho en sí, que se evidencia en una ausencia total del registro del hecho. Por más esfuerzos de la memoria hay una laguna en la memoria, se recuerda el momento previo y el posterior pero no el momento en sí”, dijo la psicóloga.

Y relató que la joven tiene “una historia de profundas carencias económicas y afectivas, situaciones de desamparo que la llevaron en la temprana adolescencia el consumo de drogas y alcohol, lo que continuó hacia la adultez”, lo que explica en cierta forma la imposibilidad de Ragonese de sentirse sujeta de derecho.

Carretero observó una “ausencia de registro, no sabe cómo durante la infancia hubo situaciones que atentan contra su integridad sexual, no sabe cómo termina embarazada de su hijo, no sabe como se ve involucrada en este homicidio”.

Explicó esa característica en “su historia, de carencias de cuidado, afecto, protección y pautas de comportamiento. Ello llevó a la predisposición a incluirse en ámbitos donde se ubica como objeto del goce de otros, no se reconoce protagonista de esos hechos.

Eso da cuenta de las conductas adictivas que aparecen en la infancia, las relaciones donde es víctima de maltrato, violencia psicológica, física, la forma de vincularse con su pareja que aparece indiscriminada”.

Y recordó una frase de Romina Ragonese que la impactó. “En algún momento dijo: ‘sabía que eso iba a terminar mal, pero siempre pensé que la que iba a terminar muerta era yo”. Y le sirvió a la profesional para adentrarse en la característica fundamental de la relación de pareja. “Como que no podía diferenciar entre ella y el otro. Compartían características de un vínculo absoluto donde no es posible diferenciarse. Se establece en ese tipo de relación una necesidad y dependencia absoluta del otro, de un padecimiento ya que lo gratificante está pegado al padecimiento. No hay nada que prohíba, que separe, que limite, y en esa forma de ubicarse en relación con la pareja se ve muy dificultada la posibilidad de separación.  Esto permite encontrar algún sentido por las situaciones que atravesó inconscientemente”, explicó la licenciada.

Afirmó que la joven tuvo un “vínculo de características violentas de gravedad. Aparece como escenario sobre el cual se ubican las distintas circunstancias de su vida la violencia física, psicológica y sexual”.

Cuando el fiscal volvió sobre la construcción subjetiva de la personalidad de Ragonese y el asesinato de Pérez, Carretero explicó que la joven “No sabe cómo llegó a ello. No hubo ninguna instancia que le permita reconocerse a ella como teniendo algo que ver con eso. Posiblemente no haya en ella la posibilidad de implicarse en su historia. La ausencia de las posibilidades  defensivas de su historia es parte de la formación subjetiva de su historia”.

Inclusive agregó que en Romina Ragonese, “la maternidad aparece también como cosas que le pasan en la vida, como una de las cosas más que le pasa, en las que se ve pasivamente. Para soportar la abstinencia de cocaína se alcoholiza con Pérez, son hechos que marcan su vida pero como si estuviera ajena a ellos. Una vez que tuvo el niño, lo quiere, desea y a ella lo sostiene como esperanza como salida”.

Aún así, la profesional determinó que Ragonese “tiene posibilidades de reflexión y de análisis de los hechos de su vida, en ningún momento se ubica en un espacio indiferente”, aunque volvió a referir que vivió “violencia psicológica, situaciones de carencia afectivas, soledad en la adolescencia, de desamparo, sexual que aparecen como situaciones abusivas desde la infancia, adolescencia y adultez”.

Cuando se consulta sobre la relación que tenía con su pareja, Carretero indica que esas situaciones de violencia están “ligadas a la relación de pareja con Pérez. Instalación del miedo, la amenaza y encierro. Por escenas de celos la encerraba en el lugar donde vivía, amenazas con prenderla fuego con bidón de nafta y encendedor. Cuando ella se separa por los maltratos, él amenaza con suicidarse y vuelve al círculo de violencia. Una espantosa experiencia que espera que se vuelva a repetir”.

Y dijo que una de las preguntas más difíciles de responder es porqué una mujer maltratada vuelve a la situación de maltrato. “Aun sabiendo que él había maltratado a mi madre, vi que le había roto costillas, no sé porqué me fui con él”, le dijo Romina Ragonese en una entrevista.

LAS AMIGAS

Desde González Catán viajó Cecilia Romano, una de las amigas de Romina Ragonese para testimonir.

Había conocido a Pérez cuando era pareja de la mamá de Romina. Volvió a verla en febrero de 2013, cuando estuvo una semana viviendo en su casa. “Su familia se puso en contra de ella y se tuvo que aferrar a él porque no tenía a nadie. Pero se llevaban mal, él la golpeaba, le pegaba cuando estaba embarazada, varias veces se escapó pero la encontraba y se la llevaba”, relató la amiga.

Una de las separaciones, Romina Ragonese fue a vivir a la casa de a testigo. “A los tres días al nene le agarró fiebre y ellacreía que era porque extrañaba a su padre. Lo llamó por teléfono. Cada vez que hablaban, él la amenazaba, le decía ‘cuando te encuentre te voy a matar, y después me mato yo, donde estás’. Yo escuchaba todo porque estaba el altavoz puesto. Llamó dos o tres días, pero nunca habló con el nene a pesar de que se lo pedía Romina”, recordó.

Pero el hombre la halló a través de una foto de facebook que se habían sacado Romina y Cecilia. Con la complicidad de un amigo, le hizo creer que se había suicidado a partir de mensajes de la red social.

“Romina se puso mal, decía que había dejado a tres chicos sin su padre. Se fue con el nene y no vino más. Me llamó y me dijo que Maxi estaba bien y era todo mentira. Él le sacó el teléfono y hablaba”. Cecilia recién volvió a contactarse con su amigo después de la muerte del hombre.

Otra amiga que testimonió fue Mariel Rodríguez, una amiga de la infancia de Romina Ragonese. Contó que vivían en el mismo barrio de San Telmo pero que hacía cuatro años que la joven resolvió ir a La Plata donde estaba su mamá. Relató que había visto como Pérez le pegaba a Pascualita y que Romina, cada vez que visitaba a su madre, regresaba mal por lo que veía.

La testigo no comprendió por qué su amiga terminó con ese hombre. “Estaba obligada a estar con él, ya no podía hablar con ella, él siempre se metía, le decía lo que tenía que hacer. Cuando quedó embarazada la vi mal. Hizo el trámite para cobrar la asignación universal por hijo, y él le sacaba esa plata para comprar drogas. Él decidía lo que tenía que hacer ella, le sacaba el nene. Ella no decía nada y no podíamos hablar, ya no era la misma”, recordó.

Informó que los últimos tiempos vivían en la calle y que volvían a San Telma a comprar drogas. Y que incluso en la casa de ella, le pegaba.

 

LA MADRE

Pascualita Núñez González es la madre de Romina Ragonese y ex pareja de Maximiliano Pérez, con quien tuvo dos hijas. Explicó que convivió con el hombre unos 7 años, de manera interrumpida, con muchos problemas de violencia y discusiones de pareja. Y que la relación se cortó definitivamente cuando Pérez empezó a salir con Romina y quedó embarazada.

Afirmó que era muy celoso y que siempre tenían discusiones porque él no quería trabajar y se drograba y alcoholizada constantemente. “La primera etapa fueron discusiones, pero después ya empezó con los golpes. Se iba, volvía, le daba una nueva oportunidad para que cambie…”, dijo.

Recordó una denuncia en la Comisaría de la Mujer de La Plata. “Nunca me llamaron para declarar ni me revisó ningún médico”, relató. Otra denuncia fue radicada cuando tras una discusión, el hombre sacó la garrafa de la cocina, abrió la llave y prendió el encendedor. “Salió una llamarada, si no fuera porque saqué a las nenas y las protegió se hubiesen quemado. Se prendió fuego una media sombra que estaba en el techo y que apagué yo”, recordó.

Cuando el abogado defensor le consultó porqué las hijas no llevan el apellido Pérez, explicó que la relación era muy inestable, que como siempre estaba drogado y alcoholizado y como el hombre estaba indocumentado (recién antes de venir a vivir a Pico sacó el DNI), prefirió que lleven su apellido. “Nunca ocupó un rol paterno”, dijo.

Cuando se le consultó sobre la relación de Romina con su padrastro (y luego pareja), dijo que era distante porque no consentía que le pegara a la madre. También indicó que su hija quedó embarazada un día que estaban ambos borrachos y que los echó de la casa.

“Se repetía la misma historia porque Romina volvía a casa toda golpeada y embarazada. Se quedó un tiempo y él volvió a buscarla con amenazas, insultos… nos dijo que nos iba a matar a las dos y que iba a prender fuego la casa… rompió el vidrio de la puerta. Vino la policía y le dijo que se retirara. Él se fue, pero cuando la policía se fue, volvió y la amenazó, Romina se fue con él. Llamé a la policía pero me dijeron que no podían hacer nada, a menos que volviera a la casa y rompiera algo”, recordó el episodio la mujer. Y quedó evidenciado que para esos agentes del orden, la propiedad privada era lo único importante. Una mujer sometida a violencia, no era de su incumbencia.

Se le preguntó que deseaba Romina al quedar embarazada y Pascuelita contó que no quería tener ese bebé, que hubiese preferido abortarlo.

Pascualita relató que luego alquilaron en la pensión de enfrente de donde ella vivía. Sin embargo, nunca pudo hablar con su hija porque siempre estaba Maximialiano Pérez con ella, controlándola. “Consumía cocaína, marihuana y en el último tiempo, paco”, afirmó la mujer.