Y ya estamos en el aeropuerto de Lima, escribiendo las últimas impresiones que nos causó el viaje. Fue desde todo punto de vista movilizante, sensual y divertido.
Hacer un viaje como lo hicimos no es aconsejable para algunos turistas: para los que tienen miedo al diferente, a lo desconocido, para los fanáticos de la tecnología que no pueden vivir sin ella, para los que creen que calidad de vida es sinónimo de mayor consumo, para los que defienden a rajatablas el individualismo y la propiedad privada, para los que no se permiten abrir la cabeza a otras experiencias culturales, sociales y políticas.
Para el resto, Cuba desde adentro y con su gente, puede ser una experiencia enriquecedora, divertida y sensual. Del primer relato a éste, fuimos ampliando y cambiando nuestra forma de pensar, descubriendo diferentes aristas de la misma realidad. Y el contacto constante con la gente fue lo que lo permitió.
Nos alojamos en casas de familia justamente para compartir la vida cotidiana y como el cubano es por demás locuaz y sociable, nos integró rápidamente. Además, es mucho más barato. Preguntamos por curiosidad cuánto costaba la noche en un lujoso hotel, nos respondieron 300 CUC (casi equivalente a 300 dólares). Nosotros nos alojábamos por 7 o 12 CUC dependiendo de la habitación.
Viajamos en taxi porque al ser siete era más barato que utilizar colectivos. Además, las experiencias fueron fantásticas. Los choferes nos fueron explicando lo que veían, hablaron de su percepción de la política del país, nos llevaron a lugares interesantes por la historia o por la naturaleza. Además de taxista, tuvimos a nuestro lado a guías de turismo y compañeros de ruta. Claro que esto a veces jugaba en contra, siempre nos costaba llegar a destino.
También comer fue un aprendizaje. Hay lugares para el circuito turístico con precios exorbitantes para nosotros, hay otros para extranjeros y cubanos que se pagan en CUC y cuya comida osciló entre 4 y 12 CUC (o dólares) y están aquellos lugares en que comen los cubanos donde se paga en moneda nacional. Allí comimos por menos del equivalente a 7 pesos nuestros lo mismo que consume la gente del lugar. Y probamos los coquitos, las chicharritas, las pizzas y otras comidas cuyos nombres ya olvidamos. Además, en la calle compramos las bananas más ricas del mundo (y ahora habrá que volver a comer las bananas “de plástico” que llegan a Argentina).
En Cuba la agricultura es orgánica, prácticamente no se utilizan agroquímicos. Vimos muchísimo riego por aspersión junto a los arados tirados con bueyes y viejos tractores. La falta de tecnificación permite que se mantenga una gran población rural que tiene su peso también a la hora de determinar políticas de estado.
Vimos las cigüeñas extrayendo petróleo, fábricas de todo tipo y una producción organizada en unidades de base productivas, pequeñas empresas del estado administradas por los cubanos. Cuba se vio obligada a crear una fuerte industria nacional para sustituir productos que no llegan por el bloqueo norteamericano.
Cuando cayó la URSS atrasaron en años su sistema productivo, se rompían las cosas y no había como arreglarlas. Pero son maestros en “atarlo con alambre” y lograron resolver muchos aspectos. Nos llamó la atención la cantidad de ingenieros y economistas con los que hablamos, en cambio no encontramos un solo abogado.
Por otra parte, la censura existente es palpable y burda. Y resulta extraña cuando en gran parte del mundo actual se han perfeccionado sutiles técnicas de manejo de la opinión pública.
Fueron varios los cubanos, entre ellos algunos funcionarios que nos dijeron que querían escuchar las voces del mundo capitalista, para poder debatir, pensar, contraponer ideas.
En lugar de eso, en Cuba solo existe el discurso hegemónico del estado y la historia de la revolución se machaca a cada momento. Una de las consecuencias es que la percepción que tienen del mundo exterior es la que cuentan los turistas, que son una ínfima parte de la población, y muchos cubanos creen que afuera todos viven como el que puede viajar al extranjero.
Esta ingenuidad se debe a que en Cuba no hay clases sociales, todos tienen los mismos derechos sociales y creen que en el resto del mundo la situación es igual.
Más allá de todo ello, Cuba es el único país de organización socialista que demuestra que se puede construir desde la propia experiencia una sociedad diferente. Y durante 50 años, la pequeña isla enfrentó el bloqueo económico y diferentes formas de ataques norteamericanos.
Algunas palabras podrían sintetizar a esta Cuba: planificación, debate, poder popular, contradicciones, contrastes, arte, mucho arte, sociabilidad, locuacidad, sensualidad y sobre todo alegría.
Es una Cuba en proceso de cambios. ¿Qué rumbo tomará? Imposible saberlo, pero mientras tanto la disfrutamos y debatimos.
(Nota de Redacción: el relato corresponde al día domingo 23, pues por cuestiones técnicas las entregas diarias se fueron corriendo de fecha)
Junto al riego por aspersión, arados antiguos
Bicitaxis, cocotaxis, mateos, sidecar… los transportes son de lo más disímiles
Música, siempre música
Desde el nivel inicial hasta el personal de las Fuerzas Armadas, todas tienen minifaldas
Industrias de lo más variadas en toda la isla