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Diario de viaje por la isla de Cuba (décimo cuarta entrega)



Por la mañana fuimos a la Feria Internacional del Libro en El Morro, una de las fortalezas más grandes construidas en la época colonial, y por la tarde, un grupo al museo de la Revolución y otro a vagar por La Habana sin rumbo fijo. Último día en Cuba y se siente.

Feria del libro
Feria del libro

La Feria del Libro se arma en la edificación de El Morro, esa fortaleza de más de 400 años de antigüedad, con puentes para ingresar, pasadizos, arcadas y gruesísimas paredes de piedra.

El lugar fue visitado por miles de personas, la inmensa mayoría cubanos y con predominio de niños y jóvenes. En Cuba casi no ha internet por lo que la niñez y la juventud lee para conocer, informarse, aprender.

Los libros se venden por el equivalente a centavos o muy pocos pesos nuestros. Cuba tiene una gran tradición editorial, con cientos de lugares para editar un libro y muchas facilidades para lograrlo.

Además, están los stands de numerosos países incluyendo Argentina, donde la atención fue mala y para colmo, los libros eran de exposición y no de venta.

Fue hermoso ver como cada niño salía de alguna de las salas con libros en la mano. Una de las integrantes, mientras estaba charlando con uno de los guardias observó una situación interesante. Dos niñas de once años entraron solas a la feria. El guardia les preguntó que hacían. Contestaron con la obviedad: “venimos a la feria”. “¿Y cómo es que vienen solas?”, les inquirió el empleado. “Porque nos gusta leer y nuestros padres se quedaron en casa”, contestaron las niñas. Se fueron y el guardia afirmó lo que luego vimos adentro: “los niños cubanos leen mucho”.

Otra cosa que nos llamó la atención es verlos jugar en los espacios públicos o en las calles, como antaño jugábamos nosotros. A la pelota, al béisbol, a las bolitas, a la mancha…

En varias oportunidades, a las integrantes del grupo más grandes, Cuba nos recordó a nuestra infancia de puertas abiertas, vecinos charlando en las veredas, tiempos más lentos, elaboración de las comidas en casa…

Es que este país no entró en la era de la digitalización y en varios aspectos tiene un atraso de años en cuanto a tecnología. Y una vida sin internet, ni play stations ni corridas constantes de un trabajo a otro, es una vida diferente, más cercana a la de nuestra infancia.

Por otra parte, quienes visitaron el Museo de la Revolución contaron que está instalado en lo que fuera la Casa de Gobierno hasta el derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista, un palacio de mármol  y varios pisos de altura. En sus paredes aún perduran las huellas de impactos de balas de cuando los revolucionarios tomaron el edificio, haciendo que el dictador escape a Miami.

Por la tardecita fuimos al Malecón, el muro de contención que separa la ciudad del mar. Es un paseo muy común para los cubanos hasta altas horas de la noche.

Mañana partimos hacia General Pico, en un viaje que durará en total 41 horas (el pasaje estaba en oferta). Largas escalas en Bogotá (Colombia), Lima (Perú) y Buenos Aires nos esperan.

Un padre juega con su hijo en el Malecón
Un padre juega con su hijo en el Malecón

Escaleras en el interior del museo de la Revolución
Escaleras en el interior del museo de la Revolución

Imagen de La Habana nueva desde el malecón
Imagen de La Habana nueva desde el malecón

Patio interior del museo de la Revolución
Patio interior del museo de la Revolución

Otra imagen desde la costa de la parte nueva de La Habana
Otra imagen desde la costa de la parte nueva de La Habana