Nos alojamos en otro sector de La Habana, el Vedado, lleno de modernos edificios de altura y autopistas rápidas y nuevas. Por la tarde visitamos a Fernando Martínez Heredia, intelectual de la revolución que fuera amigo del Che, y a su esposa, Ester Pérez, una mujer brillante en su pensamiento y accionar. La extensa charla nos clarificó un montón de cuestiones sobre el único país socialista en el mundo.
Atardecer sobre el malecón en La Habana
Fernando fue expulsado de la Universidad cubana hace 40 años por cuestionar el alineamiento con la URSS. Sin embargo, es un defensor a rajatablas del socialismo como forma de organización política, social y cultural.
Ester reconoció que la Cuba actual es un país con fuertes contradicciones, con una estructura política y social socialista y con una incipiente de consumo. Las dos formas de vida, la colectiva y la individualista, la que basa la organización de la sociedad en la búsqueda de la igualdad y la inclusión y la que se organiza a partir del consumo coexisten. Pero el problema no es ése, sino la desigualdad que se genera.
Ambos afirmaron que la mayoría de la población no está en contacto con el turismo, sino que estudia y trabaja y tiene una concepción colectiva de la organización social. Y que es una minoría la que acosa al turismo en lugares estratégicos. Y agregaron que en general son personas que llegan desde el interior de Cuba.
También defendieron al socialismo como la única forma que tiene un país de vivir con dignidad y autonomía. Y nos explicó lo que significa poder popular. Los cubanos tienen un partido único, el Comunista, pero una amplia participación política a través de distintas entidades. Una de ellas son los CDR (Comité de Defensa de la Revolución) sobre el que habíamos charlado con Virginia, la dueña de la casa donde nos alojamos en Caibarién.
Pero hay otras organizaciones de poder popular como los sindicatos, que tienen una fuerte incidencia en los destinos de país y que anteceden a la revolución. Hay otras como las organizaciones campesinas, la federación de mujeres, estudiantes, que también proponen candidatos para cubrir cargos de delegados municipales, provinciales y nacionales.
Esos delegados, que no cobran por su trabajo, están obligados a dar una asamblea cuatrimestral con los electores para rendir cuenta de su gestión. Además, tiene reuniones semanales con los funcionarios.
Ester observó que las asambleas municipales perdieron poder tras la crisis que sucedió a la caída del muro de Berlín, cuando se centralizaron los pocos recursos que tenía en ese momento el país.
Cuando les contamos que todos los cubanos se quejan de los salarios, Fernando hizo un recuento de lo que significó tras la revolución, donde se quitó la propiedad privada a los pocos que la tenían y se repartió entre todos.
No hay dudas sobre esa afirmación. En la zona rural todos tienen casas construidas tras la revolución y en las ciudades se ven las casonas señoriales, con escaleras de mármol, arañas de cristales y vitraux en las ventanas habitadas por varias familias que rompiendo con esa elegancia arquitectónica tienden la ropa en las amplias galerías.
Fernando recordó que todos tienen casa, salud, educación en todos los niveles, que todos los cubanos se alimentan y que por ende, el salario no tiene la significación que contiene en los países capitalistas.
Ester agregó que ese sistema entró en crisis en los ’90 cuando se desarmó la URSS y Cuba no tuvo a quien comprar ni vender la producción. Recordó que pasaron hambre, que bajaron todos de peso corporal y que debieron buscar una solución.
Así apareció la moneda convertible (CUC) para permitir el ingreso de remesas de los cubanos en el extranjero (el 10% de la población) y fomentar el turismo. Así se conformó una Cuba contradictoria y conflictiva donde se sigue manteniendo la cobertura que da el estado en alimentación, vivienda, trabajo y seguridad social, y al mismo tiempo aparece el consumo de otros objetos y el capitalismo. Y los cubanos viven con un pie en cada uno de esos mundos contrapuestos.
Hasta el año ’90 la totalidad de la población económicamente activa trabajaba para el estado, ahora hay una gran cantidad de cuentapropistas, generalmente en relación al turismo y no están claras aún las reglas de juego para este sector que crece en número y dinero.
Fernando y Ester están convencidos que Cuba no va a dejar el socialismo, y creen que, como les ha pasado desde hace cincuenta años, tienen que buscar la solución a sus propias contradicciones, sin copiar modelos de nadie.
Es que la pequeña isla ha ido organizándose de manera sui géneris, a partir de sus propios debates. Y lo que no falta en la sociedad cubana es justamente el debate. En todas partes, se habla de política.
La charla con estos dos intelectuales nos agotó las energías, así que a la noche, a comer algo liviano y a dormir. Son muchas las ideas que están dando vuelta en nuestras cabezas.
Una de las partes nuevas de La Habana
Fernando Martínez Heredia
Ester Pérez, una de las ideólogas de los CDR
La Habana de noche
Edificios modernos en el barrio El Vedado, La Habana
La ciudad está sobre una bahía