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Diario de viaje por la isla de Cuba (undécima entrega)



Instalados en Matanzas, una ciudad de 150 mil habitantes, nos dispusimos a conocer las bellezas cercanas. Por la mañana visitamos las Cuevas de Bellamar, considerada una de las diez más lindas del mundo, y por la tarde navegamos en lanchas por el río Canímar, que desemboca en el mar Caribe. 


Sin dudas, Cuba no es solo bellísimas playas. Para los aficcionados a la espeología es un destino fantástico.

En internet habíamos leído que las Cuevas de Bellamar estaban catalogadas entre las mejores del mundo. No sabemos si es cierto (nos faltan muchas visitas a cuevas para aseverarlo) pero estamos seguros que son indescriptiblemente bellas.

A pesar de que nos tocó un guía sin conocimiento suficiente ni pasión por el lugar, las disfrutamos igual. Recorrimos 700 metros de caverna con estalagtitas y estalagmitas de mil formas, algunos únicas en el mundo según los especialistas.

Las cuevas están a 32 metros de profundidad respecto al suelo. Tiene estalagtitas de hasta 17 metros de altura, pequeñas cavernas, fuentes de agua, millones de cristales formando figuras diversas, formaciones secundarias (unión de estalagtitas y estalagmitas hasta crear columnas).

La cueva tiene unos 4 km de largo, aunque solo está electrificada unos 700 metros, y se comunica con otras dos cuevas de aproximadamente la misma extensión.

Fue descubierta en 1861, de casualidad, cuando a un trabajador chino de la finca donde está situada, le desapareció una asada bajo la tierra. El miedo fue lo que primó.

A los dos meses, el dueño del lugar se aventuró solo a investigar, nadie quiso acompañarlo. Descubrió la increíble cueva y a los dos meses comenzó a explotarla turísticamente.

Recién en l948 comenzó a ser estudiada científicamente. Hoy es visitada por cientos y cientos de turistas diariamente, lo que molestó a parte del grupo ya que es sabido que solo con la respiración y el calor del cuerpo humano de tantos visitantes cambian las condiciones de la cueva y se destruye el proceso de millones de años de persistente trabajo de gotas de agua.

Por la tarde fuimos a la desembocadura del río Canímar. Alquilamos dos lanchas que manejamos nosotros mismos y navegamos río arriba, hasta donde la profundidad del cauce lo permite. La experiencia fue fantástica. Circular entre laderas de exuberante vegetación y de algunas de las 86 especies de aves que existen en el lugar es muy lindo.

Uno de las aves que nos acompañaron son los pelícanos llegan cada invierno desde la Florida, y tienen en la pata izquierda un anillo de metal que dice USA y el año en que fueron censados. No saben de fronteras ni de bloqueos así que se aquerencian con los cubanos que les dan de comer sardinas.

Todo el día viajamos en guaguas (colectivos), a centavos de pesos cubanos (insignificante para nuestra moneda), charlamos con la gente, las vimos en su cotidianeidad pero sufrimos el robo de la cámara fotográfica de una de las integrantes del grupo. Cuba es un país muy seguro y tranquilo, pero no nos tocó en suerte.

Mañana conoceremos las playas de Varadero, dicen que las mejores de Cuba, y les contaremos.

Costa del río Canimar
Costa del río Canimar


Al ingresar ya se percibe la inmensidad de la belleza de la cueva
Al ingresar ya se percibe la inmensidad de la belleza de la cueva

Los pelícanos emigran cada invierno desde La Florida
Los pelícanos emigran cada invierno desde La Florida

Miles de cristales forman el techo de la cueva
Miles de cristales forman el techo de la cueva

La costa del río con increíbles ejemplares de jagüey
La costa del río con increíbles ejemplares de jagüey