Categorías
Social

Diario de viaje por la isla de Cuba (octava entrega)



Una parte del grupo resolvió visitar el Parque Nacional El Carburí. Nos llevo un taxista que, como todos los taxistas, fue además un guía turístico. Caminamos una hora entre senderos montañosos para llegar a una cascada alucinante. Regresamos a caballo y siempre con gente que hablaba del lugar. Y a la noche, por supuesto, a escuchar música.

Chichi, que vive en la entrada del parque y nos regaló café pelado pero sin tostar
Chichi, que vive en la entrada del parque y nos regaló café pelado pero sin tostar

Estos días, en las provincias nos mostraron una Cuba diferente, con cubanos orgullosos de su pueblo y sin el descontento que percibimos en La Habana. Se sumó más relax a un viaje de por sí relajado. Y una visión diferente.

El parque nacional El Carburí está inmerso en las montañas y, como toda Cuba, plagada de historias. Hasta llegar a la villa transitamos por rutas en buen estado que serpenteaban entre el follaje, otra vez, opulento.

Renán, el chofer, nos fue contando la historia de cada lugar, la de la vida de los campesinos antes de la revolución, la de todos los médicos del hospital regional que se fueron en masa a Miami en el ’59, la de las mansiones al costado del camino que pertenecían a políticos de la dictadudera Fulgencio Batista o a dueños de ingenios azucareros, la de la construcción de viviendas para campesinos, la de la campaña de alfabetización, una de las primeras medidas de la revolución.

Y en muchas partes los carteles que reinvindicaban a sus héroes y que erigían cada lugar como “bastión de la revolución”. Renán nos contó con orgullo que su padre había muerto en la guerrilla angoleña cuando él tenía 15 años. Y cuando le preguntamos sobre la actualidad del país, habló de la necesidad de cambios, pero negó terminantemente que se quiera entrar en el capitalismo.

Paramos en la casa del café, donde se cuenta la historia de esta bebida que se puede elaborar con unas 40 variedades de granos, y también hicimos un alto en el parque de las caobas gigantes, donde existe un ejemplar de 250 años de antigüedad cuyo tronco pudimos abrazar entre cuatro de nosotros estirándonos.

El camino a la cascada fue una caminata de una hora por senderos angostos, con piedras, arcilla y raíces a cada paso, con árboles de más de 30 metros de altura buscando la luz, con un follaje exuberante donde los helechos, los palos de agua y otras plantas crecen mucho más grandes que en nuestra región. A un costado, paredones altísimos, al otro precipicios llenos de arbustos y plantas.

La cascada tiene unos 70 metros entre formaciones rocosas de millones de años y va zigzagueando por lo que es imposible tomar una fotografía en su totalidad.

Como en cada lugar, se nos acercó un cubano a charlar, en este caso el guardaparque. Primero por supuesto, la conversación giró sobre política, se interesan mucho por cómo se vive en otros países.

Le convidamos mate, que por supuesto y como nos ocurrió en todos los otros casos, no le gustó y la charla giró hacia las especies de plantas del lugar. Sabía mucho sobre hierbas medicinales y usamos una como emplasto en una lastimadura.

Tras transitar la parte de regreso más escarpada, nos ofrecieron caballos en alquiler y dos del grupo volvimos con  menos esfuerzo. Antes de subir al auto que nos había llevado al ingreso del parque, estuvimos con doña Chichi, una mujer simpática que nos regaló café pelado, listo para tostar y luego moler.

En su casa tenía fotos de héroes de la revolución de esa zona y una imagen de Fidel muy joven, cuando iba a la universidad. Y las paredes de madera llenas de inscripciones. Antaño era un lugar de descanso para los cubanos que recorrían el parque y cada uno dejaba su huella en palabras.

De regreso a Trinidad, un baño y a la Casa de la Música, a escuchar y bailar los ritmos caribeños. Definitivamente, el pueblo cubano es alegre y musical.

Regresamos a caballo de la larga excursión
Regresamos a caballo de la larga excursión

El camino fue sinuoso y complicado, pero bellísimo
El camino fue sinuoso y complicado, pero bellísimo

Nos escolataron altísimos árboles buscando la luz del sol
Nos escolataron altísimos árboles buscando la luz del sol

Parte de la zigzagueante cascada
Parte de la zigzagueante cascada

Una de la tantas variedades de cafetal, florecida
Una de la tantas variedades de cafetal, florecida

El agua descansa tras caer de la cascada
El agua descansa tras caer de la cascada