Dejamos Trinidad, la ciudad de 500 años que permanece en el tiempo, y nos dirigimos hacia la costa norte del país, más precisamente a Caibarién, cerca de Cayo Santa María. En el trayecto recorrimos el camino de montaña de los ingenios azucareros e hicimos una parada en Santa Clara, donde está el mausoleo del Che. Y la emoción nos embargó.
Uno de los ingenios azucareros con la torre desde donde se controlaba a los esclavos
El chofer, Rafael El Negro, nos llevó por el camino de montaña hasta Santa Clara y nos fue explicando lo que veíamos en el paisaje. La primera parada fue en lo que fuera el ingenio azucarero Manaca Islaga.
Una inmensa mansión y a unos cien metros la infaltable torre de 47 metros de altura para vigilar a los esclavos negros en los primeros tiempos y a los explotados campesinos años después.
En Trinidad hubo 40 ingenios azucareros que arrasaron con todo, los bosques de caoba, ébano, cedro y palmas, la incipiente industria manufacturera, la ganadería… la posibilidad de ser un país independiente.
Cuba se transformó hacia el siglo XVIII en un país dependiente del monocultivo del azúcar, Y los dueños de los ingenios en los dueños de la gente, de la tierra, de la política. Eran quienes ponían y sacaban presidentes o dictadores, quienes marcaban el ritmo de la vida cotidiana.
Por ello, en Trinidad abundan los palacios coloniales con arañas de lluvias de cristales, hoy esqueletos de mármoles y muebles exquisitamente elaborados en Europa.
Sobre las décadas del ’20 y del ’30 del siglo pasado el precio del azúcar cayó a niveles históricos, lo que junto a un huracán que destruyó cultivos, provocó una crisis fatal.
Estados Unidos “ayudó” a la pequeña isla vecina con créditos y terminó comprando los ingenios quebrados y la totalidad de los bancos, excepto el banco Central de Cuba. Se apoderó de la isla con dinero, sin utilizar las armas. Y a partir de allí manejó los destinos del país.
Así, en 1958, año de la Revolución, había más prostitutas registradas que mineros y la mitad de los niños eran analfabetos. Transitar por el ingenio y recrear la historia fue conmovedor.
En el camino cada poblado se anunciaba como “bastión de la revolución” y las consignas pintadas en paredes, carteles y demás lugares sobre la defensa de la revolución fueron constantes. Nos llamó la atención una que hablaba del maestro. Rafael nos explicó que allí se homenajea a un joven maestro y el hombre que le daba cobijo en su casa, asesinados por los bandidos, es decir la oposición, por se alfabetizadores de campesinos.
La segunda parada fue en Santa Clara, el lugar donde se libró la batalla final contra la dictadura de Fulgencio Batista. Allí está el mausoleo del Che, donde se encuentran los restos del guerrillero argentino y de 34 de los 39 compañeros que murieron con él en Bolivia.
El lugar es conmovedor, con los nichos empotrados en la pared del Che, de los 14 cubanos, 20 bolivianos, 3 peruanos y de Tania, la única mujer del grupo, de origen alemana argentina que murieron en La Higuera.
Afuera está la plaza de la Revolución y una estatua del Che de 6 metros de altura, hecha con 20 toneladas de bronce. Abajo, y al costado, el museo del Che con fotos y objetos del argentino más querido en Cuba.
En el camino, que fue largo no por la cantidad de kilómetros sino porque se circula a 60 u 80 km/h, Rafael El Negro nos habló de la región, de su historia y de la actualidad del país. Cree que hay muchas cosas para cambiar, sobre todo el salario que se cobra en moneda nacional y que no vale nada al lado del CUC, la moneda que se utiliza con el turismo. Pero confía en que el país va a seguir siendo socialista y sintetizó a Cuba con la frase “no tendremos mucha tecnología, pero tenemos la mejor riqueza que es el cubano”.
A diferencia de La Habana, lleno de “jineteros” y “jineteras” que solo buscan acercarse al turista para vivir de su dinero (cualquier propina de un europeo equivale a la mitad de un salario o más), en las provincias encontramos gente orgullosa de la construcción social y política de Cuba, una isla pequeñísima, con pocos recursos materiales, que hoy podría ser como Jamaica o Haití, pero que en lugar de eso es un laboratorio social y político donde no hay excluidos, donde la salud y la educación es de la mejor del mundo pero con atrasos tecnológicos de cien o doscientos años y un sistema político que pide en la gente, pide cambios a gritos.
Finalmente llegamos a Caibarién, siempre nos cuesta llegar a destino, todo nos seduce en el camino. Es un poblado pesquero sin Casa de la Música, snif, snif…. Pero tiene una playa sencilla y está cerca de Cayo Santa María, lugar que visitaremos mañana.
Nos recibió Virginia en su casa, que al igual que en otros lugares, se desvivió por atendernos. Es economista, hasya enero trabajó para el gobierno (casi todo el mundo trabaja para una empresa del gobierno) y es presidenta del Consejo de Defensa de la Revolución (CDR), así que seguramente mañana mantendremos largas conversaciones. Además, iremos a un cayo, ¿será tan lindo como lo pintan?
Mausoleo y museo de El Che
Playa en Caibarién
Los cubanos se las ingenian con lo que tienen
Puerto de Caibarién
Todos se saludan. Vimos a uno abrazzar a otro mientras decía "hola compañero, hermano, amigo…
Playa de Caibarién