El programa de hoy es conocer lo que más podamos la Ciénaga de Zapata, el mayor humedal del Caribe, declarado reserva de la Biosfera por la UNESCO. Optamos por recorrer la aldea de los taínos y el criadero de cocodrilos por la mañana y por la tarde llegar hasta Playa Girón, visitar el museo, y al regresar hacer parada en la Cueva de los Brincos y en la Cueva de los Peces.
Reconstrucción de una aldea taína
Ya estamos sobre el final del día y es imposible describir las sensaciones intensas de cada lugar. Y es difícil entender que Cuba no se conozca también por estos escenarios. Pero igual vamos a intentar transmitir la experiencia.
Tomamos un taxi, por supuesto modelo viejo, del año ’52, y fuimos hasta el complejo Guamá. Una parte del grupo recorrió el criadero de los cocodrilos y la otra la aldea Taína.
Los que optaron por los cocodrilos, pasearon por el criadero, vieron especies de 3 meses, 7 meses y hasta 3 años. Aprendieron que cuando están con la boca abierta, están regulando su temperatura corporal, pero no tuvieron un guía que los introdujera en ese curioso mundo propio de los humedales.
Conocieron sobre la antigua forma de vida de los carboneros en la zona, antaño única explotación productiva que sumía a la población en la miseria profunda.
Quienes elegimos la aldea taína viajamos en lancha unos 8 kilómetros por un canal abierto a la espesura florística del ciénaga. Llegamos a la Laguna del Tesoro, donde según cuenta la leyenda, los indios taínos escondieron el oro para que no lo robasen los españoles.
Entramos luego a la reconstrucción de la aldea de uno de los tres pueblos originarios de Cuba. No existe ningún hombre o mujer indígena en esta isla. Fueron todos exterminados en los primeros años de conquista española.
La aldea, construida sobre pilotes, pasarelas de madera e islotes artificiales, fue una creación de los primeros años de la Revolución Cubana.
Comenzó a construirse en 1960 y se terminó dos años después, por iniciativa de Celia Sánchez, una heroína de Sierra Maestra, el histórico desembarco de los revolucionarios en 1959.
Se construyó a partir de un trabajo historiográfico y la artista Rita Longa creó el conjunto escultórico que representa al pueblo taíno, el último en ser aplastado por los españoles. El lugar se llama Guamá en homenaje al último cacique rebelde taíno.
En el lugar está además un hotel con habitaciones entre pilotes unidas por rampas o por el bote que cada tiene para manejarse por los canales. Son 40 y hoy están todas ocupadas, como suele ocurrir durante todo el año.
El lugar es mágico, tiene restaurant, venta de artesanías, una piscina muy grande, entre otras comodidades. Y debe ser sumamente extraño pasar la noche en una ciénaga, entre una flora exuberante, pájaros de mil formas y colores, arenas movedizas alrededor, pero con todas las comodidades de una gran ciudad.
Por la tarde fuimos a Playa Girón y recorrimos el museo. A todos nos conmovió hasta las lágrimas esa gesta heroica del pueblo cubano rechazando la invasión norteamericana, la gesta de un pequeñísimo país que le ganó al gran imperio a fuerza de convicción y unión. En el año ’61 todo el pueblo cubano se armó para repeler las fuerzas de los mercenarios norteamericanos.
Emprendimos el regreso a Playa Larga, donde nos hospedamos. A pocos kilómetros el chofer del “taxi”, se ofreció a mostrarnos la Cueva del Brinco, y allí fuimos. Tomamos un camino vecinal entre la tupida vegetación hasta que frenó el auto. Nos bajamos y a dos metros vimos unas piedras, nos acercamos y descubrimos una cueva al ras del piso con un lago turquesa increíble.
Nos metimos, primero con temor y luego con un gran placer. Con antiparras podíamos ver la cueva por debajo del agua, las increíbles figuras en que se desarmaban nuestros cuerpos en el río subterráneo. Tiene 47 metros de profundidad, se origina en manantiales pero tiene filtraciones de agua marina y tiene 60 metros de largo, de los cuales solo unos diez están bajo luz solar, el resto bajo tierra.
Continuamos nuestro regreso, ¡qué difícil se nos hace cada día volver al lugar de alojamiento! Siempre hay algo que nos seduce. Y en este caso fue la Cueva de los Peces. Si veníamos obnubilados por la belleza de la otra cueva, ésta nos dejó sin palabras.
Parte del camino que pisamos está conformado por fósiles prehistóricos, las formaciones rocosas son de lo más extrañas, la vegetación, voluptuosa. Y meternos a la laguna y ver peces de varios colores y formas, dejarse estar entre ellos, ver los múltiples garabatos que dibuja la luz al entrar en esa gran caverna llena de agua es mágico. El lugar es gratis, al igual que la otra cueva, y eso también pesó a la hora de elegir los destinos del día.
En Playa Larga nos espera Magalí, la dueña de la casa que estamos alquilando, con platos de camarones, langostas, pulpos, cangrejos, cerdo, chicharritas (bananos fritos), palta, tomate, pepino, frijoles y arroz, todo por supuesto decorado como si fuera una obra de arte (algo que hasta el momento lo observamos en cada lugar que comimos, por más sencilla que sea).
Y después nos iremos a bailar a la casa de Giosvani, el muchacho que nos hizo el enlace vía internet para alquilar las casas en Cuba. Cuando una de las chicas sugirió fiesta, enseguida se buscaron músicos y se armó.
Mañana partiremos hacia Trinidad, una ciudad que cumplió 400 años de vida y se mantiene como entonces. Y seguramente les contaremos la experiencia.
Cocodrilos en su hàbitat
Cueva de los Brincos
Hábitat de los cocodrilos
Casa del cacique de la aldea taína
Cada tanto, carteles colocados por la gente del barrio
Cueva de Los Peces
Fósiles que formaban el camino hacia la cueva
Museo Girón