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Diario de viaje por la isla de Cuba (quinta entrega)



Hoy dejamos atrás una ciudad tan increíble como La Habana. Sobre el mediodía viajamos a Playa Larga sobre Bahía de Cochinos, un lugar histórico para el pueblo cubano. Antes visitamos la plaza de la Revolución y conocimos un poco más de la capital cubana. Todo, por supuesto, a bordo de autos de los años ’50, joyas de la mecánica y muy bien conservados.


Como siempre empezamos el día con un desayuno cubano que trae variedad de alimentos e inclusive los huevos revueltos, fritos o en omelettes. El primer día fue extraño comer tanto apenas uno se levanta, pero con los días se ha transformado en una necesidad.

Para varios de nosotros estar en la Plaza de la Revolución fue algo emotivo. Allí se juntan los 1ros de mayo y otras fechas patrias un millón de cubanos y reivindican la revolución.

Recorrimos otros sitios turísticos como el Capitolio (copia del de Estados Unidos, construido antes de la Revolución y que hoy es un inmenso museo de arte que está siendo refaccionado), el barrio chino (según el chofer, los chinos son de muy mala paga, cuántas coincidencias), el Morro (el fuerte con que se repelía ataques corsarios y piratas), entre otros lugares.

Emprendimos el viaje a Playa Larga, algo más de cien km a no más de 70 km/h. Todos, autos nuevos y viejos, van a velocidades menores a cien km/h y no tienen casi accidentes de tránsito. Cuando le contábamos al chofer que en una provincia de 360 mil habitantes habíamos tenido 101 muertos por accidentes viales, no lo podía creer.

Dejamos La Habana donde vimos, por ejemplo, muchas “santeras”, mujeres con turbante y vestidas de blanco que recientemente han tenido algún “trabajo” de un santo afroamericano. El ritual se hace con sangre de gallina, percusión y baile, a las mujeres se les rapa el cabello y durante un mes deben vestirse de blanco. En la playa vimos varias gallinas muertas o flores dejadas a la diosa del mar. La religiosidad popular está muy presente en el pueblo cubano y se mezcla sin problemas (nadie se siente en infracción por ello) con las prácticas católicas.

Ah, y no se pude estar en Cuba sin viajar en los autos americanos de los años ’50,  joyas de la mecánica que en esta parte del mundo están cuidados al detalle. Cuando la Revolución socialista tomó el poder el 1959, Estados Unidos creó el bloqueo al poco tiempo, lo que sign ificaba que nadie podía comerciar con Cuba sin tener sanciones del imperio.

Así que durante medio siglo entraron solo autos soviéticos, socio mayor de Cuba, o se arreglaban una y otra vez los vehículos que existían en la isla antes del cambio de gobierno. El resultado es un parque automotor que tiene carros muy nuevos (diplomáticos, artistas, deportistas y funcionarios pueden tenerlos desde hace años, y de hace unos meses, cualquier cubano que tuviera el dinero suficiente, algo muy difícil de lograr) con vehículos construidos hace más de medio siglo, conservados y lujosamente preparados para el turista.

Llegamos a Playa Larga, una pequeña población costera donde nuevamente nos alojamos en casa de familia. Vacacionar de esta forma es excepcional. No solo por el precio (20 dólares la habitación donde podíamos dormir hasta cuatro personas) sino por la atención. La gente se desvive por hacernos sentir bien. Los lugares son muy bonitos, con todas las comodidades.

Tras media hora de conversación (por este lugar del mundo nada ocurre sin previa charla), la dueña de casa nos obsequió una pulsera artesanal que dice Cuba a cada una de las mujeres del grupo. Y la hermana, que también se acercó a conocer a los visitantes y hablar con ellas (luego vino quien nos había hecho el contacto vía internet, los maridos de ambas, los hijos, etc, etc.) trajo a  quien se mostró interesada en los fósiles de mar, una inmensa caracola de regalo.

Fuimos a la playa donde disfrutamos del atardecer (La Habana está en la costa norte y Playa Larga en la costa sur), una verdadera delicia. Mañana recorreremos lo que más podamos del lugar y les contaremos.