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Diario de viaje por la isla de Cuba (tercera entrega)



Un mar turquesa y cálido, pero con amebas venenosas, una ciudad que todo el día es bullicio y de noche se transforma en decenas de lugares donde se hace música sandunguera y se baila con un ritmo que se lleva en la sangre, el descontento con el gobierno de quienes se acercan a los turistas a ofrecerles servicios pero siempre la amabilidad de la gente, del clima y del paisaje cubano es lo que nos deparó el día.


Segundo día en Cuba, la idea era buscar información y tras ello decidir el itinerario. Por ello fuimos hasta un hotel, en cada uno de ellos hay un buró de turismo (una oficina estatal sobre información turística).

Mientras esperábamos nuestro turno junto a muchos gringos, se acercó un cubano que reconoció a la que había bailado anoche y hasta le mostró el video que había filmado en su cámara. Junto a otros bailarines, aparecía nuestra compañera moviendo las caderas al son de la rumba.  Fue muy divertido. Luego nos daríamos cuenta que “fichan” a los turistas y se encuentran “de casualidad” con ellos para ofrecerles recorridos turísticos, los mejores bares y boliches o lo que les sirva para sacar algún dinero.

Fue un día en que el contraste nos volvió a pegar. Los cubanos que quieren irse de la isla realizan un acoso permanente a los turistas, buscan enamorarlo/as para irse con ellos.

Y en todos, el discurso es similar, el de un gran descontento con el gobierno, con los controles constantes, con la escasez, con la falta de libertad. Y una gran desvalorización de su propio pueblo, de su cultura, de lo increíble que tienen, de sus artistas, de su alegría, de sus tiempos libres (que son muchos), de sus despreocupaciones por cubrir lo básico (que se lo garantiza el gobierno), de la seguridad en la que viven.

No ven cuestiones como la educación y salud gratuitas que tienen, consideradas de la mejor en el mundo, la seguridad, la solidaridad, la alegría, el arte…. En La Habana no vimos gente durmiendo en las calles ni niños pidiendo ni villas miserias.

No llegamos a ser atendidos por los agentes del estado en el buró ya que resolvimos ir en taxi a una playa. Regateamos el precio (en todas partes hicimos eso) y en una media hora nos hallamos frente a un mar turquesa increíble.

El clima agradable, el agua templada, la sombra de las palmeras, la arena fina, casi una caricia a los pies… en pocos segundos estábamos en el mar jugando entre las olas.

La alegría duró unas dos horas, porque a dos del grupo los agarraron las medusas. La reacción del cuerpo a las toxinas que largan los tentáculos de estos animales primitivos, es terrible.

Empieza a paralizarse el miembro del cuerpo donde hubo contacto y hasta hubo gente que falleció por paro cardiorrespiratorio. Tomamos un taxi y fuimos al hospital más cercano, a unos 9 km.

Nos atendieron rápidamente e inyectaron un antihistamínico que nos tranquilizó a todos. Un médico muy joven y una enfermera que no lo superaba en edad, fueron los que actuaron. El lugar parecía un hospital de campaña, con las cosas mínimas pero con mucha eficiencia a la hora de atender. No nos cobraron nada.

Nos recetaron 30 pastillas y fuimos a la farmacia, a dos cuadras. Costaron lo que sería el equivalente a 7 pesos nuestros. ¡Qué alivio! Estando fuera del país, en situación límite, conociendo las necesidades de la gente del lugar y la percepción de abundancia y riqueza que tienen sobre los extranjeros, podría habernos costado mucho dinero.

No volvimos a meternos al mar, no lo duden. Regresamos a las 15 horas, como habíamos estipulado con Rafael, el chofer. No queríamos perdernos el seguir recorriendo La Habana.

Habíamos visto en la playa, de una manera chocante, a las jineteras y los jineteros, cubanos y cubanos que se prostituyen con los turistas para obtener dinero y si es posible, viajar para salir de la isla. Dolió ver como pierden la dignidad, como los gringos se aprovechaban…

Ya en La Habana, volvimos a recorrer esas calles llenas de historia, de cultura. Transitamos por una avenida en cuyo boulevard artistas y  artesanos habían montado un crisol de colores y creatividad.

Nos pusimos a conversar con Caridad, una señora mayor que pintaba. Queríamos escuchar a alguien que haya vivido la revolución cubana. Los más jóvenes con los que habíamos charlado poco y nada valoraban los logros del pueblo y la cultura que tienen.

Caridad era licenciada en Economía y había trabajado en el gobierno de la Revolución en Planificación Económica. ¡Qué mejor que escucharla!

Nos dijo cosas muy interesantes. Que la mayoría de la juventud trabaja y estudia, que los menos están al acecho de los turistas para salir del país. Y que el discurso que tienen no es el de todos, es de los que buscan esquilmar a los extranjeros con historias que no siempre son reales.

Afirmó que el bloqueo más importante no es el de Estados Unidos sino el del mismo pueblo cubano que acostumbrado a que el estado les dé todo, perdió la iniciativa. Y que todo está cambiando.

Sin lugar a dudas, la Cuba que estamos visitando no es la Cuba socialista de los libros. Cada propina que suele dejar un gringo a un taxista o a un muchacho que preste algún servicio puede significar hasta el equivalente de meses de salario. Y la brecha entonces se genera y se agranda.

Oscurece a las 19 horas y la gente empieza a prepararse para comer. Caminamos por las calles céntricas, que tiene muy pocos comercios y absolutamente ningún cartel publicitario, pero que cuenta con muchísimos paladares (restaurantes) y música en vivo cada media cuadra .

El consumo de objetos se reemplaza sin ningún  problema por el consumo de ritmos y sabores. Los músicos son maravillosos, la inmensa mayoría negros, con unas voces y un sentido del ritmo increíble. Tanto es así que  no necesitan equipos de sonidos, les alcanza con sus cajas de resonancia para hacerse escuchar.

Cuando Laritza, una negra de no más de 50 kilos de peso, pero con una voz impresionante, nos cantó “A mi manera”, más de una no pudo evitar las lágrimas y la piel de gallina. Por supuesto no faltó el baile, ni los mojitos, ni los camarones ni la langosta, muy baratos en este lugar del mundo.

Mañana iremos a Pinar del Río, sabemos que es un lugar muy lindo, pero poca idea tenemos de lo que nos espera. Seguramente será una de las tantas sorpresas que esta Cuba exuberante y sensual nos depara. 

En toda cuadra hay un grupo de música tocando a la nochecita
En toda cuadra hay un grupo de música tocando a la nochecita

las peligrosas amebas terminan en la playa cuando baja la marea
las peligrosas amebas terminan en la playa cuando baja la marea

Todo el mundo es músico!
Todo el mundo es músico!

Los mojitos y otros tragos, imperdibles
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