Era un viejo sueño y empezamos a cumplirlo. Partimos siete amigos, conseguimos en septiembre los pasajes en oferta y con muchas expectativas salimos en un avión Airbus 321. Día a día compartiremos con ustedes la experiencia de recorrer los paisajes cubanos, su gente, su cultura, su política, su arte.
Para varios de nosotros, viajar en avión era la primera experiencia. El temor a la descompostura rondaba el ambiente. Sin embargo, nada pasó, la sensación de despegar y aterrizar se asemeja mucho a disfrutar de una montaña rusa.
Empezar a ver la gente, las casas y las calles cada vez más pequeñas, adentrarse en las nubes y viajar por encima de ellas es una experiencia hermosa.
Salimos de Buenos Aires, sobrevolamos Rosario, Córdoba y de allí a Chile, para seguir por Perú y bajar en el aeropuerto de Lima.
A más de diez mil metros de altura llegamos a divisar el mar Pacífico, un gran desierto (luego el capitán nos contó que era el desierto de Atacama), y la increíble cordillera de los Andes.
Siete horas tuvimos que pasar en el aeropuerto de Lima, por suerte había música en vivo y un free shopp donde no solo nos podíamos probar perfumes internacionales y chocolates, sino embriagarnos del colorido de las artesanías andinas.
Sin embargo, la espera se hizo interminable. Y para las fumadoras fue terrible; para poder estar en un lugar donde pitar un poco debían consumir un cafecito que costó 12 dólares.
Partimos en un avión un poco más chico, que albergó a 180 pasajeros y tras cuatro horas de viaje bajamos en el aeropuerto de El Salvador.
Casi todo el trayecto fue por encima del Océano Pacífico y nubes de miles de formas. Ir bajando en el aeropuerto de San Salvador y ver aparecer primero la costa, luego las montañas y por último la espesa vegetación fue también hermoso.
El último avión al que subimos fue un Airbus , más pequeño y con el que llegamos a La Habana, capital de Cuba. En total el viaje duró 25 horas, pero claro, estaba en oferta. En la próxima entrega les contaremos sobre nuestro primer día en la isla.
Despegando de Buenos Aires.
Aterrizando en El Salvador
El mar a diez mil metros de altura.
La cordillera de los Andes.
La espera se hizo interminable